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La biografía como panfleto

 

Lecturas Dominicales

  ENERO 28 PE 1996

"Chapolas negras"

Alfaguara, 1995

Ricardo Cano olvidó atar en su texto sobre Silva su fuente principal de referencia: el extraordinario trabajo de Santos Molano,

ejemplo de rigor investigativo y sabio análisis. ¿Qué le 'quedaba a Femando Va Uejo? Escribir su texto ya que en su caso el 

flujo de la prosa salta natural y lógicamente por encima de los géneros literarios. ¿Cómo llamar novelas a sus memorias furiosas 

donde el artificio de la ficción no existe y donde prima el dato crudo de una realidad que se nombra con sevicia para que nadie 

la olvide? En esa exageración, o se llega a la impudicia celiniana o se llega al boutade, pues la rabia es un cosa y otra, 

la literatura. ! En Vallejo, la sombra del autor de "Bagatelles pour..." es ahora obvia; esa imprecación se na con-

vertido para él en paradigma. ¿Cómo dinamitar desde dentro un lenguaje corrompido por la hipocresía, por el provincianismo o 

sea por la falsedad? Nunca temió Vallejo asumir su homosexualidad como diferencia y por eso no teme enumerar nombres 

propios, pero ¿hasta qué punto, esto es irse al abismo como catarsis, tal como lo hace denet? ¿Hasta qué punto

se agujerea el lenguaje establecido?

La visión de Silva no podía escapar a su imprecación: las peripecias económicas del poeta ya las sabemos, la oscura sociedad 

 

de comerciantes de esa época así como la alucinante pobreza física e intelectual del medio ya nos la había dado Santos Molano, 

 

aquí lo que cuenta -según ese flujo atropellado de prosaes el escupitajo contra un país oficial, contra ciertas instituciones, 

 

contra ciertos nombres. ¿Comentarios o gracejos?

 

Frente a lo que es historia, Vallejo prefiere recuperar la posibilidad demoledora y volteriana del chisme, ya que este relativiza 

 

toda información puesta como "verdad" y recupera la contundencia de la broma, incluso de la falacia. Con ello nos pone en-

frente de una especie de dilema: ¿a quién te cree el lector? ¿A la cifra exacta, fría o al sarcasmo denigrante? Esto lo hemos 

podido calibrar en Vargas Vila y en los panfletarios franceses. ¿Qué tiene que ver con la biografía como género un texto 

imprecador como el Semelweis de Ceíine, alegato contra la intolerancia?

¿A qué nos referimos en este caso -sobre todo después de su riguroso trabajo sobre Barba Jacob-, al trabajo de una biografía, 

 

Lotman, Savigneau o a un texto personal donde lo que a la larga prima es el deseo de ajustar cuentas con ciertos nombres, con 

 

ciertas ciudades? Dígalo usted, crítico, insobornable lector.

 

Darío Ruiz Gómez

 

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