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EDITORIAL

 

 

PROFESOR JULIO MANRIQUE

 

 

            El 6 de Julio del presente, cuando la Sociedad de Cirugía de Bogotá, reunida en sesion especial para acordar los preparativos de la conmemoración de los 40 años de existencia de tan benemérita Sociedad, el Profesor Julio Manrique entró en el seno misericordioso de la muerte, sin una queja, sin un gesto de angustia o de dolor, doblando suavemente su poderosa cabeza sobre la mesa redonda y en medio de sus colegas, con una muerte tranquila y blanda tal como había sido su carácter, dulce y suave.

 

Era Julio el benjamín de una familia ilustre que sobresalió en  el país por su ciencia y sus virtudes.  Particularmente en la medicina los dos exponentes de la descendencia  del distinguido médico doctor Carlos Manrique, los doctores Juan Evangelista y Julio honraron a la patria y a la ciencia médica colombiana.  Juan Evangelista fue un mago de la medicina y especialmente en Cirugía alcanzó una gran celebridad, no solamente en esta ciudad sino en todo el país;  Julio descolló principalmente en Psiquiatría.

 

            Nació en la hacienda de la Yeguera, del municipio de Subachoque, el 19 de junio de 1873.  Hizo sus primeras letras en la escuela urbana del citado municipio y vino luego a Bogotá para cursar estudios de literatura en el Colegio que regentaba don Santiago Pérez  y los terminó en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde obtuvo el título  que lo capacitaba para ingresar a la Facultad de Medicina, lo que no pudo realizar hasta el siguiente año debido a su corta edad.

 

Cursó de manera brillante sus estudios de medicina, habiéndose distinguido entre sus condiscípulos como uno de los alumnos mas aventajados por su clara inteligencia, a la vez que por su devota consagración al estudio y el día 5 de Julio de 1897 se doctoraba en Medicina.

A raíz de su grado y por insinuación de uno de los mas grandes maestros de la Facultad, el doctor Leoncio Barreto, el doctor Manrique fue llamado por el entonces Rector doctor Nicolás Osorio, para que reemplazara a aquel maestro en la Cátedra de Obstetricia y Clínica Obstetrical, y cumplió su misión tan a cabalidad que desde entonces se reveló como el eminente profesor que había de ser más tarde.

 

            Por licencia concedida al Profesor Luis Cuervo Márquez, fue designado el doctor Manrique el 11 de Septiembre de 1907, para dictar el curso de Patología General, y por su competencia e ilustración mereció el nombramiento  en propiedad que le hiciera el 16 de Marzo de 1911 el entonces Ministro de Instrucción Pública doctor Pedro María Carreño.  La clase de Patología General del Profesor Manrique fue un éxito continuado desde que se posesionó hasta el año de 1938, que renunció definitivamente al profesorado.

 

Varios otros cargos ocupó el Profesor Manrique en la Facultad de Medicina:  profesor suplente de Clínica de Organos de los Sentidos, en 1909, cargo que desempeñó durante 6 meses;  profesor suplente de Fisiología de Marzo de 1914 a Julio de 1915;  profesor de Higiene en el año preparatorio de la Facultad de Medicina en 1937 y de Fisiología en la Escuela de Enfermeras.   Además fue designado para ocupar en 1906 la cátedra de Medicina operatoria, en reemplazo del doctor Guillermo Gómez y de la Física Médica por licencia concedida al doctor Ricardo Fajardo Vega en  1921, sin que exista constancia de la aceptación de estos dos últimos.

 

            En Enero de 1931 el Ministerio de Educación Nacional lo nombró miembro del Consejo Directivo de la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales y en el año de 1939, la Universidad Nacional por sus multiples merecimientos y servicios a la Facultad de Medicina, le concedió el Título de Profesor Honorario.

 

            Varias generaciones de médicos oyeron la palabra sabia y elocuente del ilustre Profesor Manrique y conservan un recuerdo imborrable de sus lecciones, porque él abocaba con igual competencia el estudio de los procesos mórbidos, la etiología y patogenia de las enfermedades, la alergia y el fenómeno de Koch, así como todos los problemas relacionados con la filosofía de la medicina.

 

Hombre de indiscutibles méritos ocupó otros puestos sobresalientes que relievaron su personalidad científica y sus dotes de gran ciudadano.  El Gobierno del General Reyes lo envió al exterior y en la Gran Bretaña y Noruega hizo estudios e investigaciones especiales sobre la lepra al lado del célebre leprólogo Hansen, motivo por el cual fue nombrado Jefe de los Lazaretos en Colombia, puesto que no aceptó por motivos ajenos a su voluntad.

 

            En 1919, cuando regía los destinos de la Escuela Superior de Agronomía Don Luis Montoya Santamaría fue llamado a ocupar la cátedra de Zoología y Entomología y años mas tarde fue rector de dicha Escuela, imprimiendo en ella sus dotes de organizador, e impulsando su  adelanto material y  espiritual con un sello distintivo de su actividad y competencia.

 

Tambien en la Facultad de Odontología, incorporada a la Facultad de Medicina en el año de 1932, regentó la cátedra de Patología y en la Universidad Libre se le encomendó la cátedra de Psicología en la Facultad de Derecho y Ciencias  Sociales en 1935.

 

Desde el año de 1923 se encargó de la Dirección del Manicomio de Mujeres, cargo que desempeñó hasta su muerte, con un brillo sin igual.  Allí su obra constructiva es y será un eterno símbolo de esfuerzo y consagración, que sabrán valorar las generaciones presentes y futuras y servirán de ejemplo para sus sucesores.

 

            Fue Presidente de la Academia de Medicina, Médico del Hospital San José, Secretario Perpetuo de la Sociedad de Cirugía, Miembro de la Sociedad Médico-quirúrgica de los Hospitales, de la Sociedad de Pediatría,  de la Sociedad de Medicina Tropical y de varias otras entidades científicas nacionales  y extranjeras.

Fundó en 1909, con el doctor José Ma. Montoya, el Repertorio de Medicina y Cirugía, que publicó sin interrupción hasta 1934.   En las páginas de esta importante Revista se encuentran multitud de artículos sobre diversos temas, publicados por el Profesor Manrique, y que hacen honor a su autor y sirvieron para orientar muchos criterios médicos sobre importantes problemas de higiene y cirugía y medicina en general.

 

            En la cátedra, con las conferencias particulares que dictó, fue un permanente defensor  de las clases desvalidas y tuvo siempre una constante preocupación por los problemas  sociales de orden higiénico, abogando siempre por el mejoramiento de la vivienda campesina; atacando el uso de la chicha, interesándose siempre por todo aquello que mejorara la condición de sus semejantes, con amplio criterio patriótico, con genuino espíritu  de amor a la humanidad.

 

En todas partes su obra fue digna del mayor encomio y de la mayor aceptación.  Su consejo, su observación oportuna, la claridad de sus ideas lo distinguían siempre.

 

            El Gobierno, premiando sus esfuerzos continuos en favor del engrandecimiento de la patria, le concedió la Cruz de Boyacá, en la orden de caballero.

 

            He querido dejar así unas líneas de cariñoso recuerdo para el sabio profesor y dilecto amigo, que se fue de la vida apaciblemente, pero cuyo recuerdo vive y vivirá para siempre entre nosotros.

 

 

                                                                                                            Marco A. Iriarte

 

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