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CITAS DE “EL CORAZON DEL POETA”

 

Los recuerdos de Silva de Juan Evangelista Manrique, el médico que le dibujó sobre el pecho los contomos del corazón pocos días antes de que se matara, son los más conocidos. No son muy exactos, pues no caracteriza al doctor Manrique la buena memoria pese a ser él médico eminentísimo y laureado de la Facultad de Medicina de París y estar obligado en consecuencia a tenerla para no ir a meter las patas matando más pacientes de la cuenta, como es probable que haya sido él quien mató a Elvira Silva con un diagnóstico equivocado, pero eso no está probado y esto lo que dice él de la in-fancia del poeta: "Resolvió su padre matricularlo como alumno semiextemo en el acreditado cole-gio de Don Luis M.

Cuervo, hermano mayor del ilustre Don Rufino. Allí lo veíamos los alumnos a las horas de las clases y lo mirábamos con ese recelo particular que a los estudiantes inspira todo privilegio: la corrección de su vestido, su belleza, su peinado, el aseo de sus libros y cuadernos y la pulcritud de su lenguaje, hacían un fuerte con-traste con nuestra pobreza y nuestra indumenta ria bohemianas, con nuestro lenguaje libre y nues-/ tros precoces ademanes de hombres ya hechos a todos los secretos de la vida. Pasaba Silva entre no-sotros por un orgulloso, pero un orgulloso supe-/ rior, cuyo aprovechamiento y seriedad nos tenían desesperados. Recuerdo, como si todavía lo estuvie-/ ra sintiendo, el despecho que experimenté, cuando en una sabatina del curso de inglés en que me creía el más fuerte, resulté vencido por el 'niño bonito', como le llamábamos los que nos sentíamos ser 'estudiantes de veras'. (...) Narro todos estos deta-lles para que se vea que Silva pasó bruscamente de niño a hombre, que se formó departiendo, como de igual a igual, con su padre y con los amigos de su padre y que, en la edad en que las más ardientes preocupaciones para sus contemporáneos eran los juegos deportivos, un paseo al Tequendama o unos amores fáciles, para Silva era el curso de la Bolsa o el precio de los mercados de Manchester".

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De el Colegio de San José Silva conoció a Juan Evan-gelista Manrique, cuatro años mayor que él, con quien habría de hacer amistad en París, y quien le habría de pintar después en el pecho, andando el tiempo, el lugar del corazón para que en su centro se aplicara la bala. De hecho cuando Ángel y Ru-fino José Cuervo partieron en su segundo y defi-nitivo viaje para Europa lo hicieron en compañía de los hermanos Manrique, Pedro Carlos el escul-tor y Juan Evangelista el médico, que se acababa de graduar en Bogotá. -------

“Los recuerdos de Silva de Juan Evangelista Manrique, el médico que le dibujó sobre el pecho los contomos del corazón pocos días antes de que se matara, son los más conocidos. No son muy exactos, pues no caracteriza al doctor Manrique la buena memoria pese a ser él médico eminentísimo y laureado de la Facultad de Medicina de París y estar obligado en consecuencia a tenerla para no ir a meter las patas matando más pacientes de la cuenta, como es probable que haya sido él quien mató a Elvira Silva con un diagnóstico equivocado, pero eso no está probado….”

 

, “ ……  por qué no? Así murió Baudelaire. el más grande, para los verdaderos letrados de los poetas de los últimos cincuenta años; así murió Maupassant, sintiendo crecer alrededor de suespíritul anocher yr reclamando sus ideas...¿Porqué no has de morir asi, pobre degenerado, que abusaste de todo, que soñaste con dominar el arte con poseer la ciencia, toda la ciencia, y con agotar todas las copas en que brinda la vida las embriagueces supremas?                         

José A. SILVA".

“Después de leer estas "páginas sueltas, entresacadas de una novela", con la firma de José A. Silva al pie ¿quién dudaría de que el desequilibrio mental fue la causa del suicidio del poeta? Los asesinos no se contentan con la muerte física de su víctima. Sienten la necesidad imperiosa de perpetrar su asesinato moral”

“Analizado lo anterior se puede llegar a la siguiente conclusión: queda demostrado que no existíán razones válidas para que José AsunciónSilva tomara la decisión de suicidarse, y queda demostrado así mismo que había motivos familiares y políticos suficientes para provocar el asesinato de José Asunción silva. No localicé ninguna prueba concreta que permita señalar a determinadas personas como autores intelectuales y materiales de la muerte de Silva, pero las pruebas circunstanciales surgidas en esta investigación me han dejado la convicción absoluta de que José Asunción Silva no se disparó, sino que le dispararon. Por lo demás, y ya próximo a cumplirse el centenario de la muerte del gran poeta, interesa menos saber quiénes lo mataron, que aclarar que el hecho de no haberse suicidado modifica por completo la idea equívoca que se tenía acerca de la vida y de la personalidad del autor de varios de los mejores poemas de la lengua castellana y de una de las novelas más significativas de América Latina.”

 

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