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El Gran Baile  

 Por RAUL POHORILLE

   

Noticiero de la Sociedad Medica Dental Hispanoamericano de Nueva York

 

Febrero 2003

 

Como si ya lo hubiera conocido antes, así me pareció el lugar a mi llegada. La voz de quien me recibió tenía la dulzura del indio de los Andes, del indio que te invita a entrar a su casa sin importarle quien eres o que quieres.

 

Y me preguntó? Que es lo mejor que has hecho en tu vida?, lo mejor que he hecho en mi vida? Haber bailado con Pérez Prado! Conteste.

 

Este fue un sueño que tuve hace 10 años. Cuando desperté del sueño. Se iluminaron, recuerdos de hace mas de 50 años, en el Buenos Aires de mi vida de estudiante de medicina.

 

 

Por el año 51 o 52 conocí en Buenos Aires a un peruano “a todo dar” simpático, inteligente y vivísimo, y como yo entonces, estudiante. Hermanito me dijo José Barsallo, así se llamaba el peruano, aquí solo bailan tangos y milongas. Te gustan?

 

A nombre de una institución fundada por el mismo Barsallo, la FAE, Federación Americana de Estudiante, contrato en los bosques de Palermo, la casa de fiesta mas bonita que he conocido. El encanto del lugar apenas esta agrandado en mi memoria por el dulzor añejo de los buenos recuerdos!! Les Ambassadeurs!! Así se llamaba.

 

A través de gestiones cargadas de pasión había conseguido Barsallo contratar a la orquesta de Pérez Prado para el Gran Baile.

 

Yo desconocía las gestiones que había hecho desde el día de su pregunta acerca de mi gusto por los tangos. Cuando lo volví a ver, me extendió unos papeles y un dejo muy casual me dijo: Hermanito firma aquí, a todos llamaba hermanito.

 

La firma de otros garantes tan pobre como Barsallo y yo, ya estaban marcadas en estos papeles donde la cantidad de $11.000 dólares eran visibles en números grandes condicionados para el viaje de Pérez Prado desde sus lugares caribeños a la Tierra del Tango.

 

Yo también firme, no por valentía sino por escapar a la cobardía. No me preocupó el casi seguro incumplimiento del contrato, como el que mi padre se enterara que de mediocre estudiante había pasado a insolvente empresario.

 

La fiesta fue extraordinaria, el lugar y la música se aliaron para que después de 50 años y de miles de otras fiestas aun sea recordada. Mas que recordada, aun existe, como si el baile y la música de mambo continuaran.

 

Así lo deben recordar muchos de los que estuvieron esa noche en los Bosques de Palermo: Arturo Moreno, Walter Rocha, Lucy Blanco, Enrique Beltrán, Ney Mancheno, Gustavo Garcés, Willie Hoffmeister, Jaime Méndez, entre los centenares testigos del enorme evento.

 

Y se bailó toda la noche con los mambos de Pérez Prado. Las jóvenes argentinas que jamás habían escuchado esa música ni el nombre de su creador, gozaron tanto como los panameños, venezolanos, colombianos, ecuatorianos, bolivianos, peruanos y otros lugares clasificados por los amigos argentinos como “los del caribe”.

 

La ley del 50% imponía que en los bailes públicos la mitad de la música fuese “nacional”. Esa mitad nacional fue ocupada por la orquesta de Darienzo. El señor Darienzo símbolo de lo mejor del tango, tuvo la increíble bondad de tolerar que al compás tanguero de su famosa orquesta, se bailaran boleros rapiditos, pasodobles andinos y mambo con sonidos de violín y acordeón.

 

No volví a ver a Pérez Prado. El hermanito Barsallo a su regreso al Perú fue Ministro de Estado. Casi todos los beneficiarios del gran baile regresaron a sus respectivos países luego del generoso hogar brindado por la Argentina donde en esos años hallaron refugio 6.000 estudiantes universitarios de Latinoamérica, gracias a los señores Trujillo, Somoza, Odria, Pérez Jiménez y Rojas Pinilla, protagonistas indirectos del Gran Baile.

 

La fiesta no ha terminado, sigo escuchando la música de Don Damaso Pérez Prado y sigo deslizándome por la pista de “Les Ambassadeurs” al compás del numero 8, del numero5 y de rato en rato oigo el “UY” que obliga a otro saltito con cruce de pies.

 

   

Nota:

 

Ahí esta pintado Raúl de cuerpo entero. Nació en el Ecuador y fue su padre el señor Guillermo Pohorille, nacido en Austria y su madre Zenobia oriunda de Bolivia. Con su estilo jocoso dice que llego educado a la Argentina donde se graduó de medico. Se casó con Aída Calderón “la boliviana”. De este nido de amor nacieron Cecilia que ejerce derecho y Alicia Salud Pública.

Los afortunados que hemos gozado de su asistencia profesional, y hemos podido observar su trayectoria de luchador en defensa de la profesión medica, lo miramos con admiración y hemos buscado ser contados entre sus los que el aprecia, defiende, y aconseja.

Su origen y las vivencias en tan variado escenarios y circunstancias han dejado en Raúl una personalidad con sensibilidad social y don de gentes, virtudes estas felizmente heredadas por sus hijas.

La seguridad con que habla y la sensatez de lo que dice han hecho que su presencia sea deseada en nuestra Sociedad Medica Dental Hispanoamerican de Nueva York de la cual Raúl Pohorille fue su Presidente.

De esta narración obtenida por accidente, concluimos que  si los grandes salones sociales existieran todavia, podríamos ver  al joven galán luciendo su figura agradable con el mismo éxito que debió tener en  esa noche de su Gran Baile.jM.

 

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