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Boletín Cultural y Bibliográfico . Número 36.  Volumen XXXI - 1994 - editado en 1995

 

Revista Ilustrada (1898-1899):
de la Ilustración al Modernismo
 
JORGE H. CADAVID
Trabajo fotográfico: Alberto Sierra Restrepo
 
La palabra escrita no es suficiente por sí sola para sugerir al
espíritu la idea completa de verdad o de belleza.
Pedro Carlos Manrique
INTRODUCCION
 
Todavía recientes el grito de independencia nacional, el memorable 7 de agosto de 1819 y la celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América, el país se revela a través de publicaciones periódicas rebosantes de vida cultural, política, económica y científica. Cargadas de historia, estas publicaciones fueron testigos del nacimiento, crecimiento y transformación de un nuevo país. No como grandes empresas al mejor estilo capitalista sino, en muchos casos, como modestas —aunque ambiciosas— cofradías de literatos, políticos o periodistas. Dichas publicaciones tuvieron al unísono el propósito de "pasar revista" cuidadosamente a todo cuanto se ponía a la vanguardia, aunque el propósito sufriera la misma mortalidad del hombre. Ésta es la razón de tantas revistas —literarias o de diversa índole— pero también de su corta existencia, salvo contadas excepciones.
Reconstruir la historia de una de estas revistas es, pues, armar un rompecabezas, cuyas piezas conducen a las más diversas fuentes. Enriquecedor trabajo de arqueólogo que sumado al de importantes autores 1 podría ir configurando lo que sería una historia de la revista en Colombia e Hispanoamérica.
Qué mejor radiografía de un pueblo que el registro escrito y gráfico de sus protagonistas. En nuestro caso, y pese a su fugaz existencia, Revista Ilustrada (1898-1899) tomó quincenalmente —en 17 números— atenta nota de lo que ocurría en la recién nacida patria, tal como lo hicieron en su momento Revista Literaria (1890-1894), Revista Gris (1892-1895), La Gruta (1903), Revista Contemporánea (1905), Revista Colombiana (1895-1897) y, entre otras, una serie de publicaciones semanales dirigidas al "bello sexo" que aparecieron a partir de 1858 2.
Social y políticamente, Colombia entra al juego del bipartidismo, cuando hacia 1886 toma el poder Rafael Núñez por el partido conservador, año de la reforma constitucional. En 1888 se firmaría el Concordato con la Santa Sede siendo Pontífice León XIII. Más tarde, en 1930, la batuta pasaría a manos de Enrique Olaya Herrera, abanderado liberal. Es en este fin de siglo, marcado por una constitución conservadora, una mezcla de atraso y progreso, un semillero de violencia e inconformismo, en donde nace y muere Revista Ilustrada.
Desde su primer número (Bogotá, 18 de junio de 1898), Revista Ilustrada hace resaltar:
un hecho superior á toda declamación y a todo pesimismo. Ese hecho es que en medio siglo la población se ha cuadruplicado, que los recursos del país son superiores a lo que eran ahora cincuenta años y que el hombre laborioso de hoy goza de mayor bienestar que el ciudadano de la antigua Nueva Granada.
Con esta perspectiva, el periodista Pedro Carlos Manrique (director), junto a Saturno Zapata (fotograbador) y Rubén J. Mosquera (administrador), toma la vocería del espíritu periodístico preocupado por "atraer la reflexión de un pueblo sobre sus propios intereses y sobre los de la humanidad entera" (Introito, núm. 1). Así, bajo el principio "ilustrado" de "libertad y progreso", Revista Ilustrada aspira a llenar lo que llama un "vacío" que no es más que la necesidad de "ilustración" de un grupo lector ávido de ciencia, arte y actualidad en general, según cree el director de la revista.
Antonio Cacua Prada en su Historia del Periodismo en Colombia ( Editorial Fondo Rotatorio Policía Nacional, Bogotá, 1968) reseña que en 1899 aparece la revista Colombia Ilustrada, publicación organizada por José T. Gaibrois, con las mismas directrices de Revista Ilustrada. Lo curioso es que no se menciona esta última, así como también que Antonio Cacua Prada sólo hace referencia al periodista Pedro Carlos Manrique, cuando comenta la aparición de otra revista titulada La Ilustración (Rafael Espinosa Guzmán y Jorge Reinales, 1908) al anotar: "Revistas semejantes existen en todas las capitales suramericanas, inclusive Panamá, y no parece decoroso para Colombia que Bogotá no tenga la suya, mayormente si se piensa que aquí contamos con escritores inteligentes y abnegados como Pedro Carlos Manrique, Luis María Terán..." (pág. 250).
Pese a lo anterior, Revista Ilustrada quiso ser un espacio donde circularan "vientos modernos". Es así como sus páginas se abrieron tanto a reconocidos como a nuevos talentos. La ciencia y el arte se codean con los últimos gritos de la moda en peinados o vestidos y con los anuncios de las bebidas del momento: la cerveza Bavaria y el "Elixir de Kola y Coca, tónico regulador del corazón y excitante del vigor cerebral y muscular", para no hablar del "linimento inglés cloroformizado" y de las más prestigiosas fábricas de chocolates, tintorerías francesas y perfumerías, todo ello bajo el lema de proporcionar "lo bello, lo útil y agradable a todos".
Como gran muestra de progreso, Revista Ilustrada contó con los entonces modernos métodos fototipográficos de reproducción, en manos de Saturno Zapata, uno de los más bellos tesoros con que cuentan ésta y otras publicaciones de la época. No bien Pedro Carlos Manrique apunta al respecto una frase que leyó en un libro de fotografía: "la cámara es más moderna que la pluma y que el lápiz". De este modo, al valor que como documento escrito posee Revista Ilustrada, se le suma el arte del grabado", que "pone al alcance de todos, ilustrados o ignorantes, las creaciones del arte, los descubrimientos de la ciencia, y por medio del retrato perpetúa el recuerdo de los benefactores de la humanidad" (pág. 1).
En cada número de Revista Ilustrada hay una sección llamada "Nuestros grabados", donde se citan las fuentes y autores de las ilustraciones que acompañan los distintos artículos. Por ejemplo, sobre una fotografía de José A. Silva: "El negativo del retrato de José A. Silva existía en el archivo de la casa Durán y Restrepo, y era completamente desconocido. Los expresados caballeros tuvieron la amabilidad de suministrarnos la esmerada copia que hoy publicamos" (pág. 14, núm. 1).
En el número 2 (Bogotá, 9 de julio de 1898) aparece reseñado un retrato del prócer cubano José Martí, en donde se presenta una noticia biográfica que resalta su participación política en la historia de la revolución cubana, y se acredita además la fuente: "El señor D. Rafael María Merchán, delegado cubano, tuvo la amabilidad de facilitarnos el retrato de Martí" (pág. 47). Y al final de la edición un aviso clasificado: "En la redacción de la Revista Ilustrada (calle 16 número 74), se compran dibujos, grabados y fotografías de cuadros, retratos y vistas de asuntos nacionales o extranjeros, prefiriendo los de actualidad, o retrospectivos, si son de gran interés histórico", o también: "[...] tipos, costumbres, medios de transporte, monumentos, retratos de mujeres y hombres célebres, vistas, obras de arte, etc., etc.". Se menciona luego el nombre de la imprenta que presta su servicio a la revista: Imprenta de Samper Matiz-Bogotá.
Dentro de los espacios más frecuentes están los destinados, además de las ilustraciones, a "apuntamientos" históricos, que son los que ocupan un mayor porcentaje; le siguen las Memorias —dedicadas a personajes o acontecimientos—, las Necrologías —cubriendo lo que sería una esquina social—, las crónicas exteriores, las reseñas de bellas artes, literatura y moda. Sobre el artículo que siempre introduce la edición, aunque no es llamado Editorial, no deja nunca de mantener una gran fuerza crítica sobre la situación general del país, tocando asuntos que van desde la economía hasta la filosofía, haciendo una radiografía del ser y el pensar de la Colombia de fines del siglo XIX: "Exceso de gramática, escolástica y liturgias y defecto de física, ciencias naturales e industria, deben conducir á la situación angustiosa que hoy atraviesa el país [...] Sin ofender al pasado ni zaherir á nadie, debemos convenir en que es preciso hacer una gran revolución en el plan de estudios de todos nuestros institutos, si no queremos, á pesar de nuestra presunción literaria, descender al último puesto entre los pueblos de América. La agricultura, base de nuestra riqueza nacional, no les ha merecido á los discípulos de Minerva una sola mejora". Y concluye su autor, Miguel Triana (profesor de la Universidad Nacional de Colombia) diciendo: Hé aquí lo que significa para el país, en sólo humo, la ignorancia industrial [...]" (Año 1, vol. 1, núm. 6). Ésta es la estructura que mantendrá a lo largo de sus limitadas ediciones Revista Ilustrada, salvo contadas excepciones en que matiza la seriedad y profundización con alguna nota curiosa, como la de aquel hombre que se hizo pasar como enviado de Dios, gracias a lo cual engañó a más de un ingenuo creyente.
El primer número de Revista Ilustrada llega hasta las manos del entonces ministro de Francia, señor Bougarel, hecho resaltado en primera página del número 2 (9 de julio de 1898), dando rienda suelta a la admiración que la revista siente por el "genio francés", gestor de la revolución y de los más caros principios de "libertad, igualdad y fraternidad".
Así, "a despecho de la crítica que como una fiebre debilita y empobrece a Colombia", Revista Ilustrada toma "el camino de la libertad como la más poderosa palanca del progreso de las naciones, a pesar del abuso que de ella suelen hacer los hombres que no están educados para su ejercicio" (pág. 1). En contra de "la explotación del hombre por el hombre" y aun de "un partido por el otro" esta publicación ofrece al país la posibilidad de salvarse de la retrógrada "barbarie colonial" y aspirar a los más acabados modelos de civilización y cultura.
Consciente de la difícil tarea que supone el ejercicio del medio de comunicación escrito, Revista Ilustrada enfrenta ese arte que "requiere ilustración, tacto, valentía, y fervor de mártir" (pág. 1). Tal vez desde ahora, y no premeditadamente, su director estuviera dando razón de la breve existencia de la revista —el último número aparece el 30 de septiembre de 1899—, pese al "ánimo sereno y la fe viva en los ideales que siempre hemos defendido" (pág. 1). Es pues, una empresa iniciada bajo un espectro, no sabemos si de censura, de dificultades económicas —ya que, al parecer necesita del apoyo público y de algunos cofrades de la prensa— o de falta de una tradición de lectura suficientemente consolidada en el público de la época.
Al terminar la primera serie de doce números (Bogotá, 27 de abril de 1889), se presenta un agradecimiento a los colaboradores, suscriptores, agentes de los departamentos y tipógrafos por su "colaboración intelectual", no sin antes anotar: "No menor estímulo hemos encontrado en el unánime aplauso de la prensa nacional y extranjera, la cual ha podido esta última, apreciar nuestra labor por la propia y cotidiana experiencia en la lucha para sostener el honor del periodismo contra los obstáculos que presentan la dificultad de comunicaciones, la escasez de cultura popular y la perpetua crisis política y económica, males que se generan y se sostienen recíprocamente en pro de todo abuso, de toda ignorancia, de todo fanatismo". Finalmente, Manrique subraya el objetivo de su revista: "Estar á la altura de los mejores en su género en el mundo civilizado".
 
LUZ, MÁS LUZ
 
Grandes figuras de la literatura colombiana se solidarizan con Revista Ilustrada. Sin embargo, no podemos identificar una clara tendencia estética ni la consolidación de un grupo intelectual definido alrededor de la publicación, tal como sucedió más adelante con las revistas Eco y Mito, por ejemplo. Lo que sí puede afirmarse es que Revista Ilustrada registra la ruptura que en nuestra literatura produce el nacimiento del modernismo en su máxima figura: José Asunción Silva (muerto dos años antes, en 1896). En medio de rezagos costumbristas y romanticistas, el panorama que muestra la revista es el de un despacioso proceso de búsquedas, unas fructíferas, que alcanzaron a traspasar la barrera del tiempo, mientras otras se quedaron allí para siempre.
Entre las plumas más destacadas que respondieron al llamado de Revista Ilustrada encontramos la del poeta Rafael Pombo (1833-1912), quien en el número 2 presenta un artículo titulado "Industria y bellas artes". En esta ocasión el poeta es el corresponsal de cuatro buenas nuevas, que en sus palabras llama "cuatro pacíficos triunfos colombianos", a saber:
De nuestro barrio bogotano de Santa Bárbara [...] la invención de una nueva máquina descerezadora del café [...]; de México, la de un primer premio obtenido en arduo concurso de pintura [...] por nuestro joven compatriota Federici Rodríguez; de París, la de una tercera y señalada distinción alcanzada en el mismo ramo por Salvador Moreno [...] entre cerca de tres mil maestros y aspirantes expositores de pintura y escultura, y de Bruselas, [...] la del segundo premio de arquitectura obtenido en el último concurso de la Academia Real de Bellas Artes de aquella ciudad, entre más de mil alumnos por el joven doctor Julio Corredor Latorre, pensionado por el Gobierno Nacional de Colombia. [págs. 20-21]
Curiosa mezcla de café y musas a la que sale adelante el poeta cuando anota que "no sólo de espíritu viven éstas". Por otra parte, la mención del café no es gratuita, dado que en las dos últimas décadas del siglo XIX el principal cambio económico del país es producido por la exportación de este valioso producto agrícola. Más adelante, Pombo redacta, emocionado, su admiración por el pintor bogotano Ricardo Acevedo Bernal, en tan sólo dos páginas "cuando mi corazón le daría no dos páginas sino dos volúmenes..." (pág. 37), a propósito de la petición que le hace Pedro Carlos Manrique de un comentario sobre un boceto bellamente reproducido en página completa, bajo el título de "El Maestro Quevedo y el Maestro Ponce de León" (pág. 38).
También están en Revista Ilustrada Guillermo Valencia y José María Rivas Groot. Del primero encontramos un artículo en favor de Ricardo Acevedo Bernal, al parecer no muy apoyado por la "turba" que "casi a su pesar y gruñendo" (pág. 36) le concede un primer lugar entre los pintores del momento. Valencia apunta sobre Acevedo Bernal:
Tiene ese culto por la forma perfecta que hizo el encanto del Renacimiento italiano. Como los artistas de esa época, Acevedo siente las figuras al modo pagano para ponerles luego el sagrado arrebato que raya en la embriaguez divina de que habla la Sagrada Escritura, ó esa sonrisa indefinible que imprimió el Vinci en sus Madonas de sexo indescifrable. [pág. 36]
Más adelante (pág. 96), un soneto dedicado a Pedro Carlos Manrique, rebozante de lirismo clásico:
LA MEDALLA DE CÉSAR
A Pedro Carlos Manrique
Para que muestre el Calvo su faz a las edades,
En oxidado bronce le copia la medalla
Donde semeja un grifo de gigantesca talla
Que desplumó las alas contra las tempestades;
Ese laurel que ciñe fue el dón de mil ciudades
Rendidas á sus huestes; esa vetusta malla
Domó de Vercingétorix las iras, la muralla
De Alesia, el negro Egipto, la raza de Milciades.
Por el reverso alternan los trigos en gavilla
Con las redondas fasces y la marcial cuchilla
—Medalla, corta y ancha— que desató la muerte;
Y al pie, como talladas por áticos buriles,
Nos dicen altas letras de itálicos perfiles:
"A TU GLORIA, OH CÉSAR, EL INMORTAL Y EL FUERTE!"
Y en febrero de 1899 (número 10), Anarkos, "poema recitado en el concierto de beneficencia que tuvo lugar en el Teatro Colón el lunes 24 del presente mes" (pág. 184), dedicado a Guillermo Uribe Holguín.
De José María Rivas Groot, más conocido como poeta, la publicación de un cuento (pág. 121): "Julieta", ambientado en espacios europeos y con remembranzas de Shakespeare; un relato donde se superponen dos planos, gracias a que uno de los personajes, Ethel, interpreta a Julieta; ambas (actriz y personaje) mueren finalmente en medio del escenario, debido a un síncope producido por una aguda tisis. En brazos de Germán, o el Romeo de Ethel, muere Julieta frente al clamor de un público conmovido por lo que cree una bien lograda escena.
Del más difundido exponente de nuestro romanticismo, Jorge Isaacs, un extenso espacio donde se intercalan fragmentos de María con "16 ilustraciones tomadas al natural" (marzo de 1899, núm. 11).
Así mismo, son numerosas las noticias biográficas o crónicas de diversos personajes de la política o de altos mandos militares —por ejemplo, los del almirante Montojo y el comodoro Dewey, vencido y vencedor de las escuadras española y estadounidense, enfrentadas en Manila en 1898—, quienes comparten páginas, entre otros, con José Manuel Marroquín y Epifanio Garay —entonces director de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá—.
Entre las Memorias, una "sobre el origen, causas y progreso de las desavenencias entre el Presidente de la República de Colombia, Simón Bolívar, y el Vicepresidente de la misma, Francisco de Paula Santander, escritas por un colombiano en 1829" (pág. 39).
De gran valor para la historia en uno de los momentos más importantes de la literatura colombiana, es la publicación de un retrato de José Asunción Silva —pocos días antes de su trágica muerte—, cuando conversaba en la calle con el doctor Antonio Vargas Vega. "Hacían fervor en aquella época las maravillosas maquinitas fotográficas Kodak. Un estudiante de medicina [...] apuntó el objetivo sobre el interesante grupo y gracias á él podemos presentar a nuestros lectores lo que todos los amigos de Silva juzgan ser su mejor retrato" (pág. 31). Comenta la revista acerca del gesto que quedó grabado: "Hay en el retrato de Silva un movimiento nervioso, casi convulsivo, impuesto [...] por una frase con que a guisa de humorada quiso el maestro psicólogo calmar la hiperestesia de aquella alma atormentada".
Otro valioso aporte de colección que se le apunta a Revista Ilustrada es la publicación de las notas de la "Marcha triunfal reconocida generalmente como Himno Nacional" del "profesor de música y de canto en esta capital durante 37 años": Oreste Sindici.
Tiene la revista una sección, ya hacia el final de cada número, donde se anuncian las últimas adquisiciones bibliográficas de la Librería Colombiana, de las cuales registramos: "Manuela (novela de costumbres colombianas) por Eugenio Díaz. Prólogo de Salvador Camacho Roldán, edición francesa, 2 tomos, tela, $ 3.20"; "Poesías de Gregorio Gutiérrez González, con introducción y noticias por Salvador Camacho Roldán, Rafael Pombo, Manuel Uribe Ángel y Emiliano Isaza. Edición francesa con retrato del autor, tomo I, tela, $ 3".
Un año fue suficiente para que Revista Ilustrada captara en sus páginas, como rápidas señales, momentos e imágenes históricas cumpliendo el cometido del periodismo en general. Con afán de dar luz, más luz al panorama nacional, la revista trató de dar cabida a todos los géneros, desde la crónica, pasando por las memorias, los retratos, el cuento, la poesía, la novela, el ensayo, tal cual traducción —Tomás Carrasquilla traduce a algunos autores europeos— y aun el informe científico —véase "El carate", investigaciones del doctor Montoya y Flórez, febrero de 1899, núm. 10y los apuntes sociales —"En el hipódromo de la Gran Sabana", septiembre de 1899, núm. 16-17—, sin dejar de lado las notas religiosas —necrologías y perfiles de personajes famosos entre los que se cuenta el papa León XIII—.
Ya en sus últimas páginas (núm. 16-17) lo que parece ser el cierre de una época que abre las puertas hacia otro siglo: crónicas de las crecientes ciudades —Cúcuta, Pasto, Popayán...— que enmarcan el paso del país rural al país urbano, propio de las naciones que ingresan a un siglo XX moderno, industrializado y cosmopolita. Al respecto, una de las páginas más significativas es "El último esclavo", crónica sobre Agapito Gallego, con un epígrafe de Goethe que reza: "El deber consiste en amar lo que uno se impone a sí mismo" (pág. 239).
 
Notas:
1 Rafael Gutiérrez Girardot, Carmen Elisa Acosta, Amparo Lotero Botero, Óscar Torres Duque, J. E. Jaramillo-Zuluaga, R. H. Moreno-Durán, Santiago Londoño Vélez y Dora Cecilia Ramírez, entre otros.
2 Véase Patricia Londoño, "Las publicaciones periódicas dirigidas a la mujer, 1858-1930", en Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. XXVII, núm. 23, 1990.
 
Fotos:

Página anterior:
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    Portada del primer número de la Revista Ilustrada que empezó a circular el 18 de junio de 1898.
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    Cubierta del primer número.
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    Panorámica del costado norte de la Plaza de Bolívar de Bogotá
    publicada en el núm. 1 del 18 de junio de 1898.
  •  
    José Asunción Silva (pocos días antes de su trágica muerte) conversando cerca al Hospital de San Juan de Dios con el doctor Antonio Vargas Vega, fotografía tomada por el estudiante de medicina Rafael Borrero Vega (Revista Ilustrada, núm. 2, 9 de julio de 1898).
  •  
    Último retrato del Libertador, según Juan B. Pérez y Soto fue pintado pocos días antes de su fallecimiento en San Pedro Alejandrino, realizado en Cartagena, 1830 (publicado en la Revista Ilustrada, núm. 3, 4 de agosto de 1898).
  •  
    Ricardo Durán fotografió al señor Ramón Umaña Rivas cuando mostraba su invento: la máquina descerezadora y sus ventajas (núm. 2, 9 de julio de 1898).
  •  
    Retrato del pintor Ricardo Acevedo Bernal tomada por la famosa firma Duperly & Son (Revista Ilustrada, núm. 3, 4 de agosto de 1898).
  •  
    Hacienda "El Paraíso". Con esta fotografía y las dos siguientes Luciano Rivera y Garrido ilustró su artículo sobre María de Jorge Isaacs (núm. 11, 27 de marzo de 1899).
  •  
    Hacienda "El Paraíso".
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    Hacienda "El Paraíso".
  •  
    Con este número donde aparece el general Francisco de Paula Santander cambió el diseño de la portada de la Revista Ilustrada (núm. 13, 7 de junio de 1899).
  •  
    El Hipódromo de la Gran Sabana construido por los señores Carlos J. Espinosa y Rafael Espinosa Guzmán (núm. 15, 22 de agosto de 1899).
  •  
    El Teatro Colón, fotografía de Duperly & Son (núm. 14, 11 de julio de 1899).
  •  
    Partitura de una marcha triunfal compuesta por Sindici, hoy Himno Nacional (publicada en el núm. 15, 22 de agosto de 1899).
 

 

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