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Discurso de Pedro Carlos Manrique

 

 

SIETE DE AGOSTO

 

INAGURACION DE UNA LAPIDA CONMEMORATIVA EN LA CASA EN DONDE EXPIRO SANTANDER

  

La ceremonia que tuvo lugar el Domingo a las 10 de la manana debio verificarse cuando se celebro el centenario en Abril de 1893 ; pero por circunstncias ajenas a la voluntad de los caballeros que formaban la Junta organizadora de aquel aniversario, de los cuales, dicho sea de pso, han fallecido la mayor prte, la lapida no puo ser colocada antes.

 A pesar del mal tiempo y de la ausencia d musica y soldados, cuyo envio e habia prometido, a la hora dicha ya estando presentes las comisiones de la municipalidad, de las Academisa de Historia y de Jurisprudencia, de la Universidad Republicana y numeroso selecto concurso, el Dr. Pedro Carlos Manrique ocupo la tribuna colocada en el atrio de la Tercera, en frente de la habitacion en donde expiro el Hombre de las Leyes, y al declarara inaugurada en nombre de la Municipalidad de Bogota la lapida conmemorativa, pronuncio el siguiente discurso, elocuente y lleno de patriotismo, como todo lo que escribe el distinguido periodista:

 

Señores:

 

“Santander, el Hombre de las Leyes, murió en esta casa el 6 de Mayo de 1840.”

“Tal es la laconica leyenda de ese mármol que recuerda á los colombianos un contecimiento infausto, erigido á consumarse en el Puente de Boyacá uno de los hechos más trascendentales de nuestra historia. Comisionado por la Municipalidad e Bogotá y por la Academia de Historia, vengo reverente á asociarme á este acto solemne, y a hacerlo, quiero en breves palabras considerar alguna de las múltiples fases que distinguieron al Hombre de las Leyes: el más que ningún otro granadino sistetiza la aspiración politica nacional esencailmente legalista, u su poderosa diestra unida á la del libertador contribuyó á modelar, cual ninguna otra, la fisonomía trágica que domina en nuestra vida de Nación independiente.

 

“Resuelto el problema de la independencia material de la madre España, quedó planteado uno no menos grave ni de menod dificil realización , cual fue el de nuestra organización política. La Constitución de Cúcuta, expedida el año 21, pareció resolver por el momento aquel problema, garantizado las libertades racionales necesarias á una sociedad que salía de secular servidumbre.

 

“Al espíritu de libertad de auqel celebre  pacto quisose oponer más tarde el restrictivo espíritu de la Constitución llamada boliviana.

 

La conmoción social intensa producida por el choque de aquellas dos tendencias, afecta aún nuestra vida política. A cada momento de nuestra tormentosa historia, el debate sale de su natural terreno, el de la propaganda pacíficadel pensamiento por medio de la prensa y de la tribuna, para pasar al campo sangriento de las batallas fratricidas.

 

“En la ignorancia y fanatismo de las masas populares ha encontrado fertil terreno aquella tendencia suicida. Los conductores de nuestra nacionalidad han alimentado durante cai un siglo sus odios políticos con la carne de cañon del recluta infeliz, tan bueno y valeroso como pobre e ignorante.

 

“Señores: limito á estas palabras el recuento de nuestras desdichas, en las cuales ha sido particular víctima una considerable masa social que no ama las emanaciones de la sangre, la cual ha ha vivido asfixiada entre el choque de tendencias extremas, sin tener más clave para penetrar el luctuoso enigma que las palabras del filósofo que dijo: “Escribe con sangre y aprenderás, que la sangre es espíritu.”

 

“No sospecharon quizá los dos principales prohombres de nuestra independencia el alcance que en el porvenir de las nacionalidades que ellos fundaron ibán á tenes sus funestas desvanecencias. Eran ellos meros accidentes en el desarrollo de esa fuerza, ya centríifuga, ya centríipeta, que con pausado ritmo arulla á la humanidad en su dolorosa peregrinación hacia el progreso.

 

“Es ya tiempo que esa fuerza se aproxime de su centro; sus epilecticas oscilaciones han dado entre otros funestos resultados la desmembración d la Patria, y nos han relegado á la situación de pueblo debil.

 

“De las pasiones que incendiaron los primeros fundamentos de nuestra nacionalidad, quedan como síntesis objetiva aquí una lápida que nos dice que un hombre exhaló su postrer aliento, porque ese egregio mortal fue El Hombre de las Leyes : más allá otro máarmol rememora una nefanda noche septembrina, porque por el lugar que ella ocupa salvó su vida el fundador de cinco Repúblicas. Bolivar, el hombre de la guerra, Santander, el Hombre de las Leyes : á uno y á otro la gratitud nacional los ha fundido en bronce en las actitudes que dominaron en su prodigiosa vida, las cuales, sumadas y eqilibradas, han de constituir el rasgo definitivo  de nuestra fisionomia de Nación culta y de Nación libre : el religioso respetó á la ley como único principio de autoidad que ha de engendrar nuetra grandeza política futura : el desprecio de la vida, el valor, no el Caín con su hermano Abel, sino tal cual fulguró hoy hace ochenta y cinco años, en el memorable Puente de Boyacá, que ha de hacer respetable nuestra nacionalidad ante el espíritu de conquista que vuelve á tomar reales en el desconcierto moral de las naciones.

 

“He dicho”

 

 

Bibliogrfía:

Boletín de Historia y Antiguedades. Año 11. No. 24

Bogotá, Agosto 1904.

  

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