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Epifanio Garay

 

Carta de Epifanio Garay a  p.c.Manrique  

Panamá, Enero 26 de 1890  

Señor Don Pedro Carlos Manrique,

 Bogotá

 

Mi muy querido amigo:    

Acabo de recibir tu muy estimable carta de 8 del que cursa y le aseguro que me he considerado menos infortunado de lo que me suponía con solo pensar que uno de los amigos a quienes más he querido no me ha olvidado. Tu carta ha venido a despertar mi aletargado espíritu a nuevas aspiraciones, ella ha producido un eco de gratitud y de entusiasmo en el corazón de mis dos hijitos, quienes, acá para que entre nos son dos artistas.

             

Yo debía reprocharte un silencio injustificable de casi cuatro años; pero no lo hago por que tengo fé en lo que me dices; si querido amigo, el corazón es lo mas leal que contiene la humanidad, y el tuyo, estoy seguro, que jamás ha dejado de serme adicto. Además, sé lo que es la pereza  epistolar de que me  hablas; la mía es monumental.

              

Te engañas creyendo que aquellos tiempos, como las golondrinas de Becker ó Baker no volverán; esos recuerdos de París, Londres; l’Academie Julián, Italia y aquella felicidad, aquella vida artística, despedirá eternos y luminosos destellos sobre nuestra existencia. La condición el modo de ser espiritual y fantástico de los artistas, permite dar tan vigorosas formas a nuestros recuerdos, a nuestras concepciones, que podemos vivir en medio de los encantos y las grandezas del arte con solo abstraernos de la materialidad y del vulgo que nos rodea. Y para convencerte de tu error bastaría hacerte leer algún día esa preciosa  carta con que has venido a hacerme dulce y grata el principio de este año: al acabarla de leer el día que la recibí estaba yo tan lejos del inmundo Panamá, que levante la cabeza con alegría creyendo hallarme en el Nacional Gallery o en el Lonore contemplando algún cuadro de Rafael de Murillo.

             

Tienes razón en lo que me dices con respecto a la cabeza que le mandé al amigo Holguín, recuerdo como una pesadilla la fatídica influencia que me obligó a sacarlo de tu cuarto; pero no hablemos de eso; Además estoy seguro de que tú, que como yo a pesar de nuestras opiniones políticas no dejas de conocer el carácter elevadísimo, el noble corazón, la clara inteligencia y sobre todo aquella subyugadora simpatía de nuestro amigo Jorge no dejas de celebrar el destino que le culpo a aquella cabeza pintada con tanto entusiasmo, amor y religiosidad artística.

             

Respecto a la cuestión Escuela de Bellas Artes, eres tentador y aunque perdida casi la esperanza porque desde mis más tiernos años libro una batalla con la adversidad, a cuyas espaldas veo algo con que he soñado, vuelvo no obstante a entusiasmarme con la idea de respirar el embalsamado ambiente del arte. Si el Dr. Holguín quiere, no puede ser un obstáculo el R.P. Páramo. Bien sabes que aun cuando conservadores de tradición los Holguín so más liberales en el fondo que muchos de los jefes del radicalismo; sobre todo, tienen esa independencia hija del talento.

             

Ahora bien, como comprenderás yo ansío ir a Bogotá, tanto por mí como por mis muchachos, pero no me gustaría ir de subalterno, así, pues te diré que yo me encuentro en condiciones para ser Director de la Escuela de Bellas Artes, subordinando a mí la Academia de Música, que por lo que he oído la dirige el celebérrimo Maestro Rosa.

              

El sueldo que yo gane no debe estar muy lejos del que hoy se paga a los otros profesores que hay.

              

El Gobierno debe pagarme los gastos del viaje de Panamá a Bogotá con mi familia y en atención á que voy con cierto carácter oficial, debe eximírseme de todo pago en las aduanas: no sería justo cobrarme por introducir por entrar cuadros pintados por mi ni por  mi biblioteca  ni por los objetos indispensables de mi profesión y del estudio de mis hijos como son sus violines un violoncello un piano y otros objetos ya pertenecientes al arte de la música o de la pintura. 

              

El Gobierno debe surtir de los últimos procesarios a cierto número de alumnos que conquisten tal derecho ya por antigüedad  ya por concurso y que no pasaran de veinte. Debe, además pagar los gastos de modelos y destinar una pequeña suma para recompensar a los alumnos que se distingan.

             

Inútil me parece decirte que estando yo en Bogotá y cualquiera que sea el puesto que ocupe cuento contigo como el mejor mejor  apoyo y consejero: Jamás se me ha escondido que he llegado a viejo con el corazón de un niño y, tú siempre me has dado pruebas no solo de cariño sino de interés.

              

Con respecto al apoderado ninguno podrá llenar con más buena voluntad su deber que mi hermano a quien además debo desagraviar: pues le dí plenos poderes cuando salí de Bogotá en 1882. Y luego hube de quitárselos creyendo así evitar la venta de la casa paterna por igual motivo despojé después a Benjamín y nombré al Dr. Colunga quien no pudo evitar la dicha venta de modo que el poder fue inútil, así es que creo deber mandar otro poder pues no recuerdo si el que conferí a Colunga bastaría haciendo él la transmisión á mi hermano ó que él mismo gestionara como tú y mi hermano Elías crean mejor. Sinembargo mientras el poder va pues las cosas aquí van muy despacio tú de común acuerdo con Elías y en vista de una copia del contrato mío con el Gobierno que él tiene puedes arreglar el asunto lo mejor posible. Se que pido como quien le pide a Dios pero puedes arreglar como creas conveniente.

             

Cuando me vuelvas ha honrar con tus cartas dime algo de Juan a quien ni mencionas y a quien recuerdo con cariño y gratitud, ese Juan tan inmenso y tan bueno.

             

Tampoco he vuelto a saber de la simpática Sra. de Currea y su encantadora familia. Por Dios date el trabajo de decirme algo de todos y de saludarlos en nombre mío y de mi familia.

              

Mercedes, Nicolle y Narciso están entusiastas con tu carta; a todo el que viene de visita le enseñan tu retrato y no piensan sino en el momento feliz de llegar al píe de Moncerrate y en tomar un cántico a la cumbre de los Andes. No he podido ni demorar un día mas la respuesta por temor de que me metieran las espuelas y a cada instante vienen a que no se me olvide saludarte por ellos.

             

Hasta luego, caro Pedro, recibe un abrazo de tu afectísimo e invariable amigo.

 

 

Ef. Garay 

 

 

Dibujos de Epifanio Garay a Pedro Carlos Manrique

 

1884

Tinta sobre papel

12,5 x 16 cm

Inferior central: "Caricatura de Garay"

Museo Nacional de Colombia, reg. 3152

 

 

Pedro Carlos Manrique

Ca. 1884

Lápiz sobre papel

14,5 x 10 cm

Colección Mario Lewis, Panamá

 

 

Caricatura de Pedro Carlos Manrique

Ca. 1884

Lápiz sobre papel

14,5 x 10 cm

Identificado

Colección Mario Lewis, Panamá

 

 

 

Cartas de Epifanio Garay

 

 


 

 

 

 


 

 


 

 

BELLAS ARTES

   

En la flaca historia del arte colombiano corresponde a Epifanio Garay puesto distinguido.

 

Nacido en época embrionaria poco propicia para el desarrollo de la más refinada de las carreras, Garay hubiera quizá vegetado en la oscuridad si la mano cariñosa e inteligente de su padre, uno de aquellos hombres que con sus hechos intelectuales contradicen  la teoría del medio ambiente, no lo hubiera guiado desde sus primeros pasos por el camino del arte.

 

Al lado de aquel patriarca, en la tranquilidad de antiguo hogar santafereño saturado de virtud  y de olor a papaya, dio Epifanio las primeras pinceladas.

 

Su primera juventud la repartió entre el estudio de la pintura y el de la música y el canto. Viajó a los Estados Unidos y allí subió a la escena al lado de eminentes artistas líricos.

 

En 1877 regresó a la patria en donde habia fundado un hogar, y más tarde emprendió viaje a Europa pensionado por el gobierno para continuar sus estudios después de haber obtenido primer puesto en reñido concurso entre los cultivadores, en la capital, del arte de la pintura en aquella época.

 

Un día en París, a fines de 1882, visitábamos el Museo del Louvre y allí encontramos a Garay , a quien apenas habíamos antes conocido de vista. Una común afición y la distancia de la patria estrechó nuestra amistad de tal manera que hoy al trazar estas líneas bajo la impresión de recuerdos de aquella época, tenemos que esforzarnos para no traspasar los límites de lo justo.

 

Presenciamos los adelantos de Epifanio en ese entonces, y fue uno de los mejores días que pasamos en el extranjero aquel en que el estudio de nuestro compatriota ocupó segundo lugar en un gran concurso de la academia Julian, verdadero Areópago de los pintores del mundo.

 

Garay fue infiel por un momento a su vocación al regresar a Colombia: intentó cambiar su culto a Minerva por el de Ceres. Castigóle la diosa del arte su infedilidad haciendo que sus vacas y sus espigas de las orillas del Chagres resultaran más flacas que las biblicas del casto José en las riberas del Nilo.

 

Vuelto al arte se dedicó en  Cartagena y luego en Bogotá al retrato, único género que permite al artista no morir de hambre en estas incipientes democracias. Género difícil entre todos si el pintor lucha por sorprender el momento fugitivo, el instante aquel en que al través de la frágil perecedera materia asoma el alma del modelo con todas las revelaciones del ser moral. Por eso Gautier pudo decir de Velásquez que “sus retratos nos cuentas mejor que todos los cronistas las memorias secretas de la Corte de España.” Ya los represente, agrega, en traje de gala, a caballo o en vestido de caza con el arcabuz en la mano y el lebrel a los pies, siempre se reconoce en esos reyes, reinas e infantas de faz pálida, labio rojo y recia barba, la degeneración de la raza de Carlos V y el avillanamiemto de las dinastías agotadas.

 

Si el artísta no fuera ante todo intérprete ultrasensible del alma universal y particularmente del alma humana, bastaríale al escultor almondar la cara de su modelo, y el músico y el pintor no tendrían razón de ser desde el día en que se inventó el órgano mecánico y la fotografía con colores.

 

Garay ha ejecutado varios retratos que salvarán su nombre del olvido. El número fuera mayor si siempre el artista tuviera libertad de escoger el momento oportuno y el modelo deseado; pero en la lucha por la vida el artista ha de ejecutar la orden del cliente o respetar su capricho cuando no su ignorancia.

 

No puede el pintor en una sociedad cuyo gusto por el arte apenas comienza a iniciarse, imponer antesala a reales o acaudalados modelos como lo han acostumbrado los maestros del retrato ayer y hoy en los grandes centros de cultura y de riqueza.

 

Es en general víctima el pintor colombiano del cliente que llama a sus puertas con una mala fotografía en la mano para que retrate de adivinanza a la persona que yá no existe. Tales retratos post-mortem  son generalmente desesperación del pintor y peste del arte.

 

Cuando un hombre como Garay ha logrado atravezar tal situación sin desmayo ni amaneramiento donde sigue hacia adelante persiguiendo con fe, sin descanso, ideales que  mejoran al hombre e impulsan el talento social, cuando ha convertido su hogar en casa abierta de música y pintura, y formando artistas tales como su hijo Narciso que hoy perfecciona estudios en el extranjero, merece ese ser excepcional los que hemos asumido la misión de pregonar cualidades y señalar defectos por medio de la Prensa, mantendremos su nombre a la estimación social.

                        

 

PcM  Revista Ilustrada Bogota Julio de 1898 Numero 2 p23-24

 

 

Solicitud del Museo Nacional de Colombia

 

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