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LOS PRIMEROS POEMAS DE SILVA

 

Son sus poemas de la infancia. Aquellas estrofas de las cuales él mismo dijo que por lo infantiles son puras. En una carterita de apuntes el poeta las va recogiendo. El lápiz ha empezado a desvanecerse, las letras se tornan confusas, como si quisiesen retornar a la nada inexpresiva, burlando la voluntad del artista que las ordeno para darles el sentido de su espíritu. Paquita Martín se ha unido con María Manrique y entre ellas inclinadas largamente sobre aquellas páginas borrosas emprenden una  difícil labor restauradora. Paquita, ayudada de una lente enorme lee letra por letra; María escribe. Y es asi como, unnidas por un mismo fervor, despiertan el las las imagenes, dormidas, les dan de nuevo vida a los sueños del artist, devuelven sus colores a las antiguas canciones del poeta. 

María Manrique, hermana de Juan Evangelista y de Pedro Carlos, y más tarde la esposa de doctor Jorge Boshell es de aquellos Manriques que tantas veces esmaltan la historia de Colombia con la clareza de su inteligencia y con la novela de sus vidas extraordinarias. Paquita Martín, hija del doctor Carlos Martín y unida luego al árbol de los Salgares, es dueña doblementede apeflidos que la república ha recogido y exaltado con carino y con respeto.

 Cuando las dos damas se reunían para copiar los versos, todavía Silva era una gloria incierta. El noble caudal de su poesia  no lobraba vencer aun la critca disolvente, mordaz,casera de una soviedad que, como la de Bogota, ha sido siempre liviana en el pensar. Con todo, la vida de Silva, que es una vida maravillosa, había cavado hondamente en dos o tres espíritus generosos y selectos que, muerto él, siguieron guardando su memoria con fervor. Uno de esos espíritus era y es el de Paquita Martín.

 Ella había sido compañera suya desde la infancia, compañera del poeta y compañera de Elvira.

 

Con atento oído las niñas escuchan,

Las muñecas duermen en la blanca alfombra,

Medio abandonadas, y en el aposento

La luz disminuye, se aumenta la sombra.. .

 

Así evoca el poeta aquel despertar de sus espíritus que más tarde se desenvolvieron en tres vidas henchidas de leyenda. La casa de don Ricardo Silva era entonces la más aristocrática. Sus salones apagaban en las alfombras de seda el paso de las damas nobles y de los nobles señores. Vigiladas por una negra, probablemente antigua esclava, en cuyo acento quedaban aún reminiscencias de Jamaica, las niñas jugaban, y oían de sus labios la historia de Caperucita, del gato con botas y del ratoncito Pérez.

 La historia fue haciendo su juego lentamente. En los salones Elvira era una extraña estrella: ni antes ni después igual belleza ha conmovido más hondamente a una ciudad, que se apretaba en torno suyo para verla pasar. Paquita siguió siendo su compañera, y el poeta trataba de modelar sus espíritus infundiéndoles su propia devoción hacia el arte. Reunidos los tres en la pieza de Silva, éste, en la mesa sencilla de su escritorio preparaba café, des tapaba botellas de champaña y en papelillos leves hormaba cigarrillos con picaduras traídas de países remotos. Y les leía versos. Los leía confidencialmente. Era entonces cuando con más seguridad se abría su espíritu y se comu-nicaba en un lenguaje sincero y feliz. Era el Silva interior, el de los nocturnos, el de todos los poemas, el que temblaba y era puro como una fuente, bajo el mágico recuerdo de la infancia. Afuera, en los salones, parecía transformado. El brusco cambio de la luz callada de su saloncito por el esplendor de las arañas de cristal que se extendía afuera, turbaba su ánimo, acallaba sus voces interiores. Es el pudor de los poetas que guardan las imá-genes del alma en moradas recónditas y no quieren con ellas turbar el ritmo vertiginoso del mundo. En los salones, Silva discurría con la gracia de los Frades, que corría por sus venas. Hacía el ridículo a las personas y divertía así a la gente. Tal vez por esto mismo no pudieron creer seriamente en su arte sus contemporáneos, entre quienes pasó incomprendido uno de los artistas más excelsos que haya conocido nuestra América.

  Pasaron los días. El triángulo de la infancia y de la juventud se rompió línea por línea. Cada cual siguió la parábola de su destino. Pero las primeras emociones quedaron grabadas en un librillo maravilloso de frescura y de transparencia: la carterita de José Asunción, en la cual éste fue consignando uno a uno sus primeros versos. Aquel poeta que realizó la síntesis no igualada antes en castellano del espíritu y la forma poética, en las estrofas embrujadas de los nocturnos, que sufrió la tragedia escondida de vivir en un mundo al cual no pudo comunicar sus inquietudes, que se vio azotado por la misma fatalidad cuando en el naufragio de L”Amérique. perdió la obra que resumió toda su juventud, el mismo que excursionaba tan fácilmente por las veredas de la utopía y que quiso instalar en nuestra ciudad sin vanidades y sin comercio un almacén donde se vieron tapices del oriente y bronces y mármoles de célebres escultores occidentales, aquel hombre en quien se reunieron cualidades tan difíciles de ser apreciadas por una sociedad burlona e ignorante, trazó en estampas diáfanas cuadros de una sinceridad infantil. Y esas estampas, las confió a su amiga con estas palabras, que abren el primer tomo de sus versos:

  

 

A Paquita

Todas estas estrofas de niño, que por 'lo infantiles son puras y por lo puras son dignas de ella.

B. S. P.

J. A. SILVA.

Marzo 21/89.

 

Pasaron los años. Silenciosamente cortó el hilo de su vida. Ensordeció la bala que le perforó el corazón, ennvolviendo el arma en los paños del lecho. Sonriente, pálido como hemos pensado que fue siempre en su vida, perocomo sólo se vio aquel día, en una góndola de linos surco la noche larga donde las cuatro lunas se confunden.

 

Los amigos del poeta quisieron entonces burlar los caprichos del tiempo destructor y lentamente fueron abriendo círculos a su obra que dilatándose, dilatándose hizo conmover muchedumbres cada vez más numerosas y distantes. Quienes sonreían de aquellos versos pulidos por un alma torturada y purificados en ella, se ven ahora, en la perspectiva histórica como seres insignificantes adelgazados por la envidia y por la incomprensión.

 

Tornaron entonces a ser valorados todos los objetos por donde Silva hizo discurrir su inteligencia o su arte Pedro Carlos Manrique divulgaba sus versos desconoci-dos en la Revista Ilustrada, y muerta ella, quedó un ar-chivo riquísimo en donde aquella carterita, copiada letra a letra por María Manrique y por Paquita Martín, la de las estrofas de niño, que fueron escritas entre 1880 y 1884 -Silva había nacido en 1865 ha sido encontrada y puesta en nuestras manos para revivir las historias que estamos recordando. Quien retenga en la memoria las fechas apuntadas y lea, recordándolas, los poemas, no podra menos de admirar con qué equilibrada perfección rodaron por el breve cuadrante de su vida las horas no-bles de José Asunción Silva.

 

GERMÁN ARCINIEGAS

  

ESTUDIO PRELIMINAR

 

Las investigaciones realizadas en los últimos años para rescatar del olvido las obras desconocidas de José Asunción Silva han dado resultados muy positivos, y poco a poco se ha ido recobrando de periódicos y revistas de difícil acceso un número apreciable de composiciones dispersas que no figuran en las mal llamadas ediciones de Obras completas o Poesías completas del bogotano[1]. Estos recobros no sólo llenan va-cíos importantes en la producción silviana, sino que acrecien-tan el valioso acervo literario de uno de los poetas más repre-sentativos del modernismo hispanoamericano.

 

Como es bien sabido Silva perdió buena parte de su obra en el naufragio del Amérique y nunca llegó a publicar un volumen de versos [2]. En vida del poeta aparecieron algunas composiciones suyas que seguramente fueron corregidas por el propio autor. Sin embargo la mayor parte de su producción quedó inédita en manuscrito, o en copias conservadas por admiradores y amigos íntimos que luego hicieron conocer los poemas en versiones imperfectas cuando no alteradas por el excesivo celo de quienes se propusieron corregir lo que, en su concepto, podría dañar la fama del poeta. Tal es el caso, por ejemplo, de la colección publicada por Roberto Suá-rez en El Repertorio Colombiano en 1898, que tuvo mucha difusión, y en la que figuran composiciones retocadas al capricho del compilador[3]. Lo mismo puede decirse sobre las poesías de Silva impresas en revistas y periódicos finisecula-res y de principios del siglo que no siempre respetan los originales. Por otra parte abundaron las piezas espurias o las imitaciones de Gotas amargas que algunos equivocadamente atribuyen al bogotano[4]. Al aparecer la primera edición de los versos de Silva en Barcelona (1908), edición que estuvo al cuidado de Hernando Martínez y a la cual acompañó el conocido prólogo de don Miguel de Unamuno [5], muchas de estas erratas se repitieron, y otras nuevas fueron introducidas; de tal manera que la obra de nuestro primer modernista co-menzó a circular por el mundo no como lo hubiera deseado su autor, en una edición elegante, pulcra y fidedigna, sino en un volumen insignificante y de presentación defectuosa en que se incluyeron, sin ningún criterio aparente de selección, muestras de los versos y prosas de Silva y conceptos sobre el autor en una sección denominada "Plumas ajenas". Este volumen fue severamente criticado en Colombia y mereció un artículo de censura de Guillermo Valencia[6] quien ademas de puntualizar las fallas de la obra puso en entredicho ciertos conceptos emitidos por el célebre rector de Salamanca. Refi-riéndose a las omisiones de algunos poemas de Silva, y en particular a los cambios arbitrarios que ofrecían vanas de las composiciones, se expresaba así Valencia:

 

Calificamos de atentado falsificar, corregir o descuartizar la obra ajena Más valdría esperar otros tiempos para publicar lo que por lo pronto se estima inconveniente, pues el pensamiento ajeno es sagrado y las adaptaciones hechas en nombre de principios que no tuvo en mira un autor cuando escribía, son delito de lesa inteligencia[7] .

 

Las muchas ediciones nacionales y extranjeras de las obras de Silva publicadas posteriormente nada o muy poco hicieron para corregir los textos y presentar versiones fidedignas, ni para incorporar en el repertorio silviano los nuevos poemas que iban apareciendo y los que difundían los amigos del bardo en artículos y publicaciones de homenaje. Una excepción desde luego es la impresión facsimilar de El libro de versos, hecha en 1945 por la Editorial Horizonte, aunque debe tenerse en cuenta que el manuscrito de este libro sólo contiene aproximadamente la mitad de las composiciones que figuran en el índice[8]. La edición aparecida en 1965 con ocasión del centenario natalicio del poeta, Obras completas de José Asunción Silva, que sin duda constituye la más completa que se conoce en cuanto a compilación general de verso, prosa y epis-tolario, repite nuevamente muchas de las viejas erratas y en la parte de poesía se limita a reproducir lo más conocido del colombiano[9]. Habiendo pues ya transcurrido más de tres cuartos de siglo desde la muerte de Silva, no se ha prepara-do aún la edición fidedigna de sus obras completas que permita el estudio comprehensivo y razonado de su producción[10].

 

Para decir verdad, la deplorable situación editorial en que hasta la fecha se encuentran las obras de Silva no ha sido culpa de las entidades oficiales ni de los especialistas en las letras nacionales. Por el contrario, ningún poeta colombiano ha despertado, y sigue despertando, un interés tan vivo como el autor del Nocturno y sus versos han sido difundidos en centenares de publicaciones en español y en otras lenguas. Existen por lo demás numerosas ediciones patrocinadas por el gobierno nacional y por empresas privadas. Las razones para este estado de cosas más bien provienen de la forma deficiente y fragmentaria en que desde un principio se conoció la obra de Silva, de la manera esporádica en que a través de los años se fueron publicando las piezas inéditas en revistas y periódicos de corta vida que hoy son de difícil acceso, y a la dificultad de localizar y consultar los manuscritos en poder de los descendientes del poeta. Asimismo han sido un obs-táculo en los esfuerzos para reunir la obra completa del bardo las composiciones apócrifas que circulan y que a menudo son atribuidas a nuestro autor.

 

Sin duda la época menos estudiada de Silva es la de su adolescencia y juventud, antes de viajar a Europa en 1884, que corresponde al primer período de su producción y a los años formativos como escritor. De esta etapa escasean los datos y poco es lo que se conserva de lo que escribió entonces que podría darnos la pauta para trazar el proceso evolutivo de su poesía. A esos años pertenecen casi todos los poemas des-conocidos u olvidados que aparecieron después de la muerte del bardo y cuya paternidad algunos ponen en tela de juicio por no haberse hallado los originales. Fuente de muchas de estas composiciones fue un cuaderno manuscrito del cual se sirvieron los amigos y admiradores de Silva para publicar sus versos. Sobre este cuadernillo se sabe que se titulaba Intimi-dades y que el original fue obsequiado por Silva en 1889 a la señorita Paca Martín. Más tarde ésta y doña María Man-rique, ambas amigas de toda la confianza del poeta[11], decidieron copiar los manuscritos para evitar que se perdiera esta preciosa colección de los primeros versos del bogotano. Al parecer la copia del cuadernillo pasó a manos de Pedro Carlos Manrique, hermano de doña María y director de la reciente-mente establecida Revista Ilustrada (1898), quien a su vez se lo facilitó a Daniel Arias Argáez con el fin de que hiciera una selección de algunas composiciones destinadas a las pá-ginas de los primeros números de la revista. En la nota de presentación de los poemas decía Arias Argáez:

 

Como de día en día se acrecienta el interés que ha despertado el desarrollo y la vida literaria de aquella inteligencia poderosa, cree-mos proporcionar un justo agrado a nuestros lectores dando a la estampa algunas de las poesías que constituyen la primera manera de quien fue más tarde insuperable artista y verdadero señor del verso.

 

Todas estas composiciones, escritas entre los doce y los veinte años, harían la reputación literaria de cualquier escritor, pero en Silva son apenas las crisálidas de las adorables rimas que nos legó más tarde[12].

 

La inclusión de algunas de estas poesías en la primera edición barcelonesa de la obra de Silva[13] desagradó a Gui-llermo Valencia por creerlas frutos juveniles y escasamente representativos del arte maduro de su compatriota, y así lo expresó en la reseña ya citada escrita a raíz de la aparición del tomo de versos del bogotano. Nuevamente encontramos aquí mención del cuadernillo:

 

A título de curiosidad bibliográfica pudieron acaso recogerse poe-sías de Silva que, para el prologuista y el editor, parecen integrar la obra de aquél cuando sólo fueron tanteos de juventud, ensayos de vuelo, prístinos esbozos del lienzo definitivo, si no refle)os de las lecturas infantiles o ecos románticos del medio literario en que abriera los ojos Una cartera en que anotó sentimientos personahsimos, hi)os de afecto muy tierno por delicada inspiradora que recibió en secreto esa antología almibarada (como fruto de los diez y ocho anos), ha contribuido a la edición con varios trozos[14].

 

A pesar de la opinión de Valencia el interés de los ad-miradores de Silva por conocer el contenido del cuadernillo no amenguaba y así lo evidencia una carta de Daniel Anas Argáez en respuesta al pedido que le hiciera B. Palacio Un-be Director del Gil Blas. en cuanto a permitir la publicación en su periódico de algunos versos inéditos de Silva en un número conmemorativo del décimo sexto aniversario de la muerte del poeta. En esta carta, fechada en Bogotá el 23 de mayo de 1912, decía Arias Argáez lo siguiente que indica que aún tenía en su poder el cuadernillo prestado a él por Pedro Carlos Manrique o que había copiado el contenido del mismo:

 

Recibí el mensaje en que usted, después de comunicarme su pro-pósito de dedicar el número de mañana de su muy leído diario a b memoria de ese divino artífice del verbo que se llamó José Asunción Silva me pide para dicha oportunidad unos versos del incomparable poeta que, inéditos, reposan en mi poder, y de los cuales tiene usted noticia, quizá por una transcripción que de parte de ellos hice en una crónica que escribí hace varios años... [15].

 

Esos versos que usted me pide hacen parte de una colección denominada Intimidades, que el poeta escribió entre los doce y los veinte años y que más tarde obsequió confidencialmente a una dama interesante, con el propósito indudable de que aquellos ensayos jamás traspasaran los linderos de un círculo muy reducido de amigos y ad-miradores. La bien dirigida Revista Ilustrada del caballeroso y amable artista Manrique fue la primera en dar a conocer algunas de aquellas producciones. ¿Tendremos hoy el derecho de publicar lo que su propio dueño condenó a perpetua oscuridad? ¿Debemos dar a la estampa lo que guardaron inédito quienes antes que nosotros espigaron en el álbum que encerraba los primeros frutos de un genio?[16].

 

Hay indicios de que algunas poesías del cuadernillo vieron la luz por aquellos años[17], pero fue en realidad hasta 1928 cuando la existencia de Intimidades se convirtió en un hecho incontrovertible al aparecer en la revista Universidad, en un número consagrado a la memoria de Silva, seis poemas inéditos que Germán Arciniegas, Director de la publicación, seleccionó entre las composiciones del álbum para dar a conocer, con la nota que incluímos en esta edición, varias piezas inéditas del bardo bogotano. Hasta esa fecha el cuadernillo era propiedad de Eduardo Manrique, hijo del fundador de la Revista Ilustrada, quien habiéndolo hallado en el archivo his-tórico de su padre se lo obsequió a Arciniegas para que el entonces joven escritor hiciera uso de él en el homenaje a Silva[18]. El cuadernillo fue remitido a Arciniegas con una carta fechada el 2 de octubre de 1928 que en parte reza así:

 

Como tú sabes mi padre, con su hermano luán Evangelista, fue-ron íntimos amigos del autor de los Nocturnos, condiscípulos en el colegio de San José, que dirigía don Luis María Cuervo, y más tarde compañeros en el Barrio Latino. Esta amistad se mantuvo siempre inalterable.

 

De los versos que te envío, se publicaron varios en la Revista Ilustrada —La primera comunión, Infancia, Idilio—[19], los demás están rigurosamente inéditos y creo que en estos momentos sería opor-tuno publicarlos en Universidad, tribuna de alta cultura y la única que ha continuado en el país con el espíritu de la Revista Ilustrada.

 

De la historia de este librito y de su autenticidad te podrá ha blar la nobilísima dama bogotana doña Paca Martín de Salgar, a quien están dedicados los poemas[20].

 

Años después y con motivo del cincuentenario de la muerte de José Asunción Silva, Daniel Arias Argáez publicó un artículo en el periódico Registro Municipal (junio 30 de 1946), en donde al comentar la obra juvenil del autor del Nocturno, se refiere a las composiciones inicialmente aparecidas en la Revista Ilustrada. Arias afirma que las poesías escogidas por él para dicha publicación habían sido tomadas del cua-dernillo original, y no de una copia, lo cual arroja la posibi-lidad de que el librito hubiera podido llegar a sus manos en el manuscrito original. "En las tres primeras ediciones de la Revista Ilustrada de Manrique", —dice Arias en su artículo del Registro Municipal— "que fue la que entre nosotros in-trodujo el método tipográfico que causó una revolución en el arte de Gutemberg, di a la estampa varias poesías infantiles e inéditas de Silva que elegí en un pequeño libro manuscrito que el Director me facilitó con ese objeto. El librito aquel estaba escrito de puño y letra de su autor, se llamaba Intimi-dades y pertenecía a la señora Paca Martín de Salgar" [21].

 

Para la fecha cincuentenaria de la muerte del poeta no había pues certeza respecto al número de copias que se con-servaban del librito, ni sobre la suerte que había corrido el manuscrito original, pero se veía la necesidad de rescatar esta producción inédita o desconocida de nuestro escritor.

 

Los recobros de otras poesías olvidadas de Silva realizados últimamente hicieron aún más urgente la loralización de Intimidades, pues se sabía que el cuadernito condene otras composiciones inéditas y que es fuente de algunos poemas di-versos, ya publicados, para los cuales no se conocen otros manuscritos, y sin excepción los especialistas silvianos deseaban que algún día apareciera el precioso álbum. Hace poco Do-naid McGrady, destacado estudioso de la obra del bogotano, expresaba este deseo al comentar el poema Crepúsculo, una de las varias composiciones rescatadas por él en los últimos años: "Actualmente se ignora el paradero tanto del cuaderno autógrafo de Silva, como del copiado por Paca Martín y Ma-ría Manrique [...]. Aunque de tono menor. Crepúsculo hace honra a las dotes artísticas de José Asunción Silva, sobre todo cuando se tiene en cuenta que lo escribió a los diecinue-ve años. Como otras tantas poesías suyas generalmente olvi-dadas, hace desear que salga a la luz pública aquella carterita en que el joven poeta apuntaba sus primeras inspiraciones" [22].

 

La existencia de una copia manuscrita de Intimidades en el "Fondo Germán y Gabriela Arciniegas" de la Biblioteca Nacional, permite hoy la publicación del cuadernito en una edición conmemorativa de la fecha bicentenaria de nuestra Biblioteca. La autenticidad del librito no puede ponerse en duda, pues se trata de la copia que Eduardo Manrique obse-quió a Arciniegas con ocasión del homenaje que en 1928 se rindió al poeta en la revista Universidad. Sobre el original no se tienen noticias, pero lo más probable es que no se conser-ve, pues la copia hecha por las señoritas Martín y Manrique tuvo como propósito preservar los textos ya borrosos del cuaderno de notas inicialmente obsequiado por Silva a Paca Martín. En cuanto a la afirmación de Daniel Arias Argáez de haber extraído los poemas que publicó en 1898 en la Revista Ilustrada de un álbum "escrito de puño y letra del autor", nos parece de escaso fundamento y sospechamos que el cuaderno que él consultó corresponde a la copia que años después Eduardo Manrique regaló a Arciniegas y que Arias creyó entonces escrita por la mano de Silva. Desde luego que Arias pudo también haber copiado el contenido de Intimidades, y lo raro sería que no lo hubiera hecho, pero de nada de esto poseemos pruebas y por lo tanto nuestras suposicio-nes sólo tienen valor de conjeturas. Lo importante es sin embargo que con la existencia de una copia auténtica de Intimidades, no sólo se despejarán muchas incógnitas acerca de la vida y la obra en verso de Silva, pues de hecho el cuadernillo constituye el primer libro de versos escrito por el bogotano, sino que por fin podrá estudiarse debidamente la primera etapa de su producción, sobre la cual tan poco se conoce, y se justificará la edición de sus poesías completas notablemente enriquecida ahora con la obra inédita rescatada y con los poe-mas desconocidos y olvidados[23].

 

Las poesías de Intimidades están copiadas en una letra clara y pareja que es, al parecer, según informa Arciniegas, la de María Manrique que hacía de amanuense mientras Pa-quita, "ayudada de una lente enorme" iba leyendo trabajosa-mente del original.

 

El cuadernillo consta de 125 páginas numeradas, faltan-do las páginas 78 y 79 que corresponden a una parte del poema La abuela y la nieta. Aunque hay unos fragmentos y algunas estrofas incompletas, la mayor parte de los poemas aparecen en su integridad. En ocasiones el copista ha agregado notas al margen indicando si los poemas ya han sido publicados. Estas y otras anotaciones en el manuscrito pudie-ron haber sido hechas por mano ajena.

 

Intimidades se inicia con una dedicatoria que revela el carácter personal e "íntimo" que tiene la colección: "A Paquita / Todas esas estrofas de niño, que por / lo infantiles son puras y por lo / puras son dignas de ella: / B. S. P. / J. A. Silva / Marzo 21/89". Al reverso, en lo que sería la página titular, se lee: "Intimidades / No 1 / de Agosto de 1880 / a Mayo de 1884 / 53 composiciones/ 1° / Luis Castro Brown".[24]



[1] Véanse en especial DONALD McGpACY, Two Vnknown Poems by José Asunción Silva, en Modern Language Notes, LXXXI (1966), págs. 233-237; Diez poesías olvidadas de ¡osé Asunción Silva, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1968, 16 págs. (Separata de Thesaurus); "Crepúsculo", otro poema olvidado de ¡osé Asunción Silva, Bogotá, Instituto Caro y Cuer-vo, 1974, 4 págs. (Separata de Thesaurus); BETTY TYREE OSIEK, Apéndice I: Poemas adicionales, en ¡osé Asunción Silva: Estudio estilístico de su poesía, México, Ediciones de Andrea, 1968, págs. 121-136; HÉCTOR H. ORJUELA, Una defensa de Pombo y un poema desconocido de ¡osé A. Silva, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1973, 7 págs. (Separata de Thesaurus); La pri-mera versión del "Nocturno" de Silva, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1974, 11 págs. (Separata de Thesaurus).

 

[2] Silva dejó en manuscrito una colección incompleta de poemas inti-tulada E! libro de versos la cual contiene varias de las composiciones pre-feridas por el autor. Esta colección es indicio de que el poeta alguna vez pensó publicar una edición de su obra selecta.

 

[3] Repertorio Colombiano (Bogotá), XVII, núm. 5 (marzo, 1898), págs. 353-361. De los poemas publicados por Suárez tal vez el que sufrió correcciones más sustantivas fue el Nocturno que también se conoce con los títulos Ronda y Poeta, di paso. Algunos admiradores de Silva protestaron entonces por las injustificadas mutilaciones y retoques hechos a los versos del poeta bogotano.

 

[4] Véanse DANIEL ARIAS ARGAEZ, Cincuentenario de la muerte de Silva. Charla superficial y frivola, en Registro Municipal (Bogotá), núms. 320-324 (junio 30 de 1946), págs. 245, 263-264; DONALD MCGRADY, Sobre un poema atribuido a ¡osé Asunción Silva, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1967, 12 págs. (Separata de Thesaurus), y DONALD MCGRADY, Cuatro notas acerca de algunos poemas atribuidos a ¡osé Asunción Silva, en Thesaurus (Bogotá), XXIV, núm. 3 (septiembre-didembre, 1969), págs. 469-480.

[5] JOSÉ ASUNCIÓN SILVA, Poesías, Barcelona, Imp. de Pedro Ortega. Casa Editorial Maucci, 1908. El     prólogo de don Miguel de Unamuno se en-cuentra entre las págs. v-xiv.

 

[6] "Valencia firmó su comentario con el seudónimo de JUAN LANAS,

José Asunción Silva, en El Nuevo Tiempo Literario (Bogotá), VII, núm.

24-2229 (enero 17 de 1909), págs. 369-377. Este articulo se reprodujo posteriormente en otras publicaciones.

 

[7] ' Ibid., pág. 373.

 

[8] José ASUNCIÓN SILVA, El libro de versos. Edición facsimilar. Bogotá, Edit. Horizonte, 1945, [s. p.].

 

[9] Obras completas de José Asunción Silva, Bogotá, Talleres Tipográ-ficos del Banco de la República, 1965. En esta edición apareció el facsímil de una de las versiones del poema Ronda.

[10] Obras completas de ¡osé Asunción Silva, Bogotá, Talleres Tipográ-ficos del Banco de la República, 1965. En esta edición apareció el facsímil de una de las versiones del poema Ronda.

 

[11] Maria Manrique, hermana de Juan Evangelista y de Pedro Carlos, y más tarde la esposa del doctor Jorge Boshell, es de aquellos Manriques que tantas veces esmaltan la historia de Colombia con la clareza de su inte-ligencia y con la novela de sus vidas extraordinarias. Paquita Manrique, hi)a del doctor Carlos Martín, y unida luego al árbol de los Salgares, es dueña doblemente de apellidos que la república ha recogido y exaltado con carino y con respeto". (GERMÁN ARCINIEGAS. Los primeros poemas de Silva, en Universidad (Bogotá), núm. 106 (noviembre 8 de 1928). Sobre Paca Martín de Salgar véase Silueta femenina, en EDUARDO GUZMAN ESPONDA, Sitios y figuras, Bogotá, Edit. Pax, 1961, págs. 27-31.

[12] José A. Silva, en Revista Ilustrada (Bogotá), I, núm. 1 (junio 18 de 1898), pág. 14. (Sin firma).

 

[13] " Al parecer los editores de la primera edición de los versos de José

Asunción Silva tomaron la mayor parte de los poemas de revistas colom-bianas y extranjeras muy conocidas entonces; el Repertorio Colombiano, la mencionada Revista Ilustrada, de Bogotá, El Cojo Ilustrado, de Caracas, Re-^ vista Moderna, de México, etc. Fuente importante para esta edición debió ser El Nuevo Tiempo Literario, publicado en la capital colombiana, donde aparecieron 29 de las mejores poesías de Silva; vols. I-II (1903-1905).

 

[14] Juan Lanas, [GUILLERMO VALENCIA], op. cit., pág. 370.

 

[15] " Se refiere a lo que publicó en la Revista Ilustrada en 1898.

 

[16] Gil de Blas (Bogotá), núm. 247, mayo 24 de 1912. En este número de Gil Blas aparecieron varias de las Gotas amargas de Silva. Un poema enviado por Daniel Arias Argáez: Paseo, que también se publicó en esta ocasión, pudo pertenecer a Intimidades, pero de esto no hay certeza.

 

[17] En Lecturas Dominicales de El Tiempo (Bogotá), III, núm. 55, mayo 25, 1924, aparecieron, por ejemplo, algunas composiciones que figuran en Intimidades. Entre ellas una intitulada Crepúsculo, inédita hasta entonces.

(Véase DONALD MCGRADY, "Crepúsculo", otro poema olvidado de ¡osé Asun-ción Silva, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1974. (Separata de Thesaurus).

 

[18] El homenaje a Silva apareció en Universidad (Bogotá), núm. 106, noviembre 8 de 1928. Figuran aqui los siguientes poemas inéditos del bo-gotano tomados de Intimidades: Suspiro, Las arpas. Perdida y tres Notas perdidas: I ("Es media noche - Duerme el mundo ahora"), IV, ("La no-che en que al dulce beso"), y X ("Has visto cuando amanece"). También se incluyó una versión desconocida de Ronda que no formaba parte del librito. De acuerdo con una Nota del editor varias personas además de Eduardo Manrique prestaron su colaboración para el homenaje: "Para esta edición hemos contado con el amable concurso de muchas personas. Don Alvaro de Brigard puso a nuestra disposición el nocturno autógrafo de Silva y la carta de Jorge Isaacs. Don Camilo nos prestó las fotografías de los padres de Silva y la del medallón de Elvira, que ilustra el número [equivocadamente en la revista figura la fotografía como de doña Paquita Martín de Salgar]. Doña Paquita Martín de Salgar, relató admirablemente, en una charla evocadora, la infancia de Silva, y permitió la fotografía del medallón hecho por Tobón Mejia".

[19] Eduardo Manrique menciona solamente los tres poemas de Intimi-dades publicados en el primer número de la revista. En los dos números siguientes se dieron a conocer cinco poemas adicionales, todos ellos toma-dos del cuadernillo: La ventana, La última despedida. En la muerte de mi amigo Luis A. Vergara R., y dos Notas perdidas IX: "Bajad a la pobre niña", y XIV: "En el aposento estrecho". Esta última se conoce también con el título Oración.

 

[20] El homenaje no incluyó prosas de Silva. Contiene una carta iné-dita de Jorge Isaacs a su amigo José Asunción Silva sobre la muerte de Elvira. La carta está fechada en Bogotá, 21 de enero de 1891.

 

[21] DANIEL ARIAS ARGÁEZ, Cincuentenario de la muerte de ¡osé Asun-ción Silva: Charla superficial y frivola, en Registro Municipal (Bogotá), año LXVI, núms. 320-324 (junio 30 de 1946), págs. 243-244. En este artículo incluyó Arias el poema Paseo (ya reproducido antes en Gil Blas) y otras composiciones o fragmentos desconocidos que, al parecer, no perte-necían a Intimidades: Convenio, "Cuando hagas una estrofa, hazla tan rara", "De los rosados labios de hermosas bogotanas", y "¡SeñorI Mirad las almas que en busca de lo eterno". Incluye además algunas piezas que han sido a veces atribuidas a Silva pero que en concepto de Arias, no son de su pluma.

[22] DONALD MCGRADY, "Crepúsculo", otro poema olvidado de ¡osé Asun-ción Silva, op. cit., págs. 1, 4.

 

[23] Se conocen unas 64 composiciones de Silva que son las que frecuen-temente aparecen publicadas en sus colecciones de versos. Hasta el presente se han rescatado unos 25 poemas olvidados o desconocidos del bardo e Intimidades contiene aproximadamente 33 piezas inéditas. Esto quiere decir que cerca de la mitad de la obra poética de Silva todavía es desconocida

[24] No sabemos quién puede ser Luis Castro Brown ni por qué su nom-bre figura en Intimidades.

 

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