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PETIT PANAMA

 

 

 

EL HERALDO

Bogotá, 18 de Febrero de 1894

 

 

 

OVACION

AL SR. DR. PEDRO CARLOS MANRIQUE

 

 

            Terminada por el momento la acusación seguida ante la opinión pública desde las columnas de El Heraldo contra los traficantes que sin tener a Dios ni a los hombres sacrificaban la honra y los intereses de la patria en aras de una deidad mezquina, la capital de Colombia, el país entero deseaba con impaciencia saber el nombre del escritor generoso y valiente que, sin abandonar aun en lo mas recio de la lucha, la actitud digna de quien cumple un deber sagrado, había comprendido las maquinaciones de los traficantes y obligado al Gobierno a tomar resoluciones del todo energicas y precisas, sí suficientemente sugestivas para poder juzgar la importancia y consecuencias de lo que se llamó desde el principio, Petit Panamá.  En este asunto han intervenido tres clases de personas que deben designarse así:

 

  1. Los que burlando sus juramentos y promesas vendieron por libras esterlinas las influencias que tenían ante el Gobierno;

  2. Los que por debilidad de caracter y por contemplaciones indebidas, no hicieron caer sobretodo el peso de la Ley; y

  3. Los hombres honrados de todos los partidos que han protestado contra los merodeadores del ……. público; que han pedido sin miedo el castigo de los culpados.

 

Forma a la cabeza de este ultimo grupo, como el mas entusiasta defensor de la dignidad de la patria, el simpatico joven que desde las columnas de El Heraldo, ha vapulado sin vacilaciones cobardes las espaldas de los comprometidos en los vergonzosos asuntos de los ferrocarriles de Antioquia y Santander.   A este desinteresado adalid de la prensa de la capital ha querido darle a la juventud bogotana; que es la juventud?   Mas aun los hombres limpios de peculado, los que no han librado en los enervantes banquetes de Capua, una muestra explícita de que aprueba esta sociedad y con ella la mayoría de los colombianos su proceder  como periodista y como caballero.

 

      Por todos estos motivos ayer, en un momento de hermoso entusiasmo, por iniciativa de estimables caballeros, se fijaron apresuradamente los siguientes carteles:

 

 

 

LA JUVENTUD BOGOTANA

 

sin distinción de color politico invita a los hombres honrados

a la manifestación que se hará esta noche al Doctor

 

PEDRO CARLOS MANRIQUE

 

por la actitud energica y patriótica que ha tomado en defense

de los intereses politicos.

 

Bogotá, 16 de Febrero de 1894

 

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MANIFESTACIONES

 

Las que se harán al Doctor,

 

PEDRO CARLOS MANRIQUE

 

tendrá lugar esta noche a las 9 p.m. en su casa de habitación

situada en la calle de las Agnilas.

 

Bogotá, 16 de Febrero de 1894

 

____________________

 

 

PUNTO DE REUNION

 

Para la manifestación al Doctor

 

PEDRO CARLOS MANRIQUE

 

Atrio de la Catedral a las ocho y media.

 

A pesar de que las invitaciones fueron hechas a una hora tan avanzada del día, una inmensa multitud compuesta de lo mas escogido que tiene Bogotá en la política, en las letras, el comercio y en general en todos los gremios sociales se dirigió del atrio de la Catedral, lugar de reunion, a la casa que habita el Dr. Pedro Carlos Manrique.   En el trayecto de la plaza a la calle de las Aguilas la multitude se aumentó considerablemente, dando vítores “al defensor” de la honra nacional, llegó al frente de los balcones de la casa.

 

 

ACLAMACIONES

 

Manrique, al oírse aclamado por la multitude, venciendo cierta timidez propia del verdadero merito, se presentó rodeado de su padre y hermanos, y con las finas maneras que lo caracterizan, manifesto a los concurrentes que las puertas de su casa estaban abiertas para recibirlos.

 

 

DISCURSOS

 

Entonces el Dr. Jorge Roa, comisionado por la juventud bogotana para que lo representase en aquella ovación y dirigiendose en nombre de los allí congregados la palabra a Manrique,  pronunció el fogoso y bien pensado discurso que se inserta en seguida:

 

Señor Dr. Manrique:

 

            Digna de todo encomio es la juventud republicana de Bogotá que, dejando a un lado naturals emulaciones deponiendo calificativos de colores politicos, y venciendo la inercia involuntaria en que vegeta, se congrega movida por un generoso entusiasmo, y se presenta a vos, que sois uno de sus miembros, a felicitaros por la energía con que habeis combatido por el honor nacional, y por la entereza que habeis demostrado ante los ataques que se os han dirigido.

 

            Sobrados motivos son estos para esta manifestación.

 

            Cuando una atmósfera de rígida intolerancia ahoga la palabra honrada emitida libremente, vos habeis hablado con tiñosa discreción para ser soportado y con suficiente eficacia para haceros aplaudir.

 

            Cuando el sistema que se ha tratado de implantar a la sombra de una bandera honrada, ha sido el blanco de vuestra indignación y el objeto de vuestra lucha, vos habeis vengado la honra de la Patria vilipendiada y abatida.

 

            Cuando las gentes a quienes necesariamente teníais que lastimar, menos en sus reputaciones que en sus intereses materiales, gozan de los favores de cierta situación política, vos habeis desafiado las iras de los poderosos  y les habeis aceptado su reto con denodada gallardia.

 

            Ved aquí por que la juventud bogotana os felicita.

 

            Pero permítame deciros en nombre de esta misma juventud que al honraros se honra a si, que la tarea en favor de los intereses patrios no ha concluido, sino que apenas ha empezado.   En la conciencia nacional  esta la convicción de que en cada ferrocarril, en cada salina, en cada contrato, hay por lo menos una indelicadeza, si no una gran verguenza.  Ante esa conciencia están irremisiblemente condenados algunos explotadores de la Patria que todavía pretender por apetitos insaciables, oponerse al ardoroso anhelo de honradez y patriotismo que alienta la sociedad colombiana.

 

            Continuad, pues, doctor Manrique, la ruda labor que habeis emprendido:  Guerra a muerte  a Mammón!  Paso a las figures inmaculadas a quienes la corrupción tiene en prudencial retiro!

            Para esta campaña, cuyo fin no esta lejano, contáis  con el apoyo de los hombres de bien.  Contad firmemente con el aplauso de la juventud que, en resumen, me ha encargado deciros:

 

            Bien haya la patria que tiene su hijo como vos!.

 

            Bien haya en ciudadano que, como vos honra y enaltece a la Patria!

 

            He dicho.

 

            Luego hizo uso de la palabra el Sr. Dr. Juan Ignacio Galvez en los siguientes terminos, que merecieron la aprobación general:

 

            Nos cuentan los novelistas de la escuela sentimental, al relatar alguna historia de aquellas en que el hijo ya crecido encuentra al padre que no conoce, que un sentimiento desconocido se despierta en el y lo hace respetar a su desconocido padre; a esto lo llaman tambien en público “la voz de la sangre”.   Cuando la voz del honor sale de un pecho amasado con sangre digna, decimos tambien todos los capaces de comprenderla: la voz de la sangre!

 

            Y esta voz que no tiene ni el ronco sonido del canon ni el estridente de la tempestad, se oye mas lejos porque tiene el timbre de las campanas de plata con que, según D. Antonio de Trueba, se ahuyentaba al enemigo malo y se congregaba a los creyentes de largas distancias en el pueblo de Ghesúrraga; y se oye mas lejos porque tiene la dulzura y el timbre de la voz que oyeron los millares de personas en el sermón del monte.

 

            La voz de honor es a veces el silencio de Scevola quemándose la mano que erró el golpe, y es tambien la energica e inmortal  protesta de Cambronne.

 

            Cuando un periódico de esta ciudad principió a publicar los artículos que tanto hemos leído y que todos conocemos, aquellos que no sabían quien era su autor decían: es la voz del honor y aquellos que conocíamos al autor exclamábamos; es la voz de la sangre!

 

            Y la voz del Dr. Pedro Carlos Manrique, quien así como Catón terminaba todos sus discursos “Deleuda est Cartago” ha terminado todos sus escritos con este grito salido del alma: Guerra a muerte a Mammón!  Guerra a muerte a “ese no se que, que a manera de peste visita las naciones y amenaza tambien degrader nuestro character y mancillar nuestro nombre,” esa voz ha ido muy lejos para llevar a todos el convencimiento de que hay, a Dios gracias; todavía caracteres que no se funden en los crisoles del oro.

 

            Esta manifestación espontánea, pues que es un impulse de la juventud, probará al Dr.Manrique que no ha predicado en desierto, y dará a su honorable padre el placer, que tienen pocos, de que la voz de su digno hijo sea la voz de su sangre, y haber dado el ser a quien puede llevar altamente el estandarte del honor en Colombia. – He dicho.

 

_________________

 

  

            En seguida los manifestantes pidieron que se presentara el Sr. D.Jose Joaquín Perez, Director del Heraldo, el compañero de Manrique en la campaña cuya primera batalla definitive se ganaba aquella noche en que la juventud sin distinción  de matices politicos, concurría a felicitar a los que ofrecían combater sin tregua a Mammon.

 

 

EN LA CASA DEL DR. MANRIQUE

 

Una parte de la multitud que se agrupaba en la calle (toda hubiera sido imposible) penetró a la habitación de la familia Manrique, la sala, los corredores y aun los jardines fueron ocupados por los manifestantes y estos dignamente atendidos por los dueños de la casa.

 

            Como a las diez se presentó Rafael Tamayo, el cantor de El Trabajo, que acaba de pulsar despues de un largo silencio en el plectro para lamenter con robusto estro las desgracias de la patria.

 

 

 PATRIA

 

            A instancias de muchos de los presentes el Sr. Gral. Rafael Ortiz, leyó el poema que con el significativo titulo “Patria” conoce el público.  El autor, el poeta que acabamos de nombrar, fue aplaudido con entusiasmo.

 

 

BRINDIS

 

            Hubo brindis por la felicidad de la patria o por algunos de sus mas distinguidos hijos llamados tarde o temprano a regenerarla.  Entre los discursos pronunciados allí, nos llamó principalmente la atención el del Dr. Enrique Lleras, y las siguientes composiciones pronunciadas por los Sres. Ruben J. Mosquera y Carlos Lorenzana respectivamente:

 

 

 

 

A PEDRO CARLOS MANRIQUE

 

No se hasta donde el entusiasmo mío

Podrá llegar en occasion como esta

En que a la voz de unísona protesta

Responder el acordado vocerío.

 

Tú, cual osado paladin, bravío,

Que ni a la menguan ni al baldón se presta

Hieres, certero, la empinada se presta,

Y la arrojas con asco en el vacío.

 

Bien para ti! De los bizarros pechos

Ha menester la integridad que muere,

Ultrajada en su nombre y sus derechos;

 

Y si morir en lid te conviniere,

Magna es la lucha, nobles son los hechos

Del que la muerte a la abyección prefiere.

 

 

AL EMINENTE PERIODISTA

PEDRO CARLOS MANRIQUE

 

Salud, noble varón!  La patria mía,

La patria del honor y de la Gloria,

Os Saluda, feliz en este día.

Oh! Las páginas de oro de la historia

Tu nombre, tu virtud y tu hidalguía.!

 

 

ULTIMAS MANIFESTACIONES

 

            Al retirarse los concurrentes de la morada de Manrique, dejaron, los que consiguieron acercarse a una mesa dispuesta para tal objeto sus nombres escritos en un libro como última muestra de adhesion a la conciencia de Manrique.   Luego en el curso de este día ha estado el Gallardo polemista recibiendo felicitaciones de simpatía.   De las cuales se copian aquí algunas:

 

            Emilio Ruíz Barreto se hace un deber el asociarse por medio de la presente a la manifestación que la sociedad de Bogotá hace el Sr. Dr. Pedro Carlos Manrique por la patriótica, valiente y desinteresada defensa que desde las columnas de El Heraldo ha hecho  al país, y al Gobierno en su honra, al tratar de los asuntos de los ferrocarriles de Antioquia y Santander.

 

            Bogotá, Febrero 16 de 1894

            Este modo científico y por consiguiente impersonal de observar los males  sociales, no ha sido comprendido por La República.   Desde los primeros momentos de nuestra polemica, en el año pasado, quiso llevarnos al terreno personal, ensayó mostrarnos atacando a los enfermos, que entonces no conocíamos, y no la enfermedad.  Ganada nuestra batalla, confirmado nuestro diagnóstico con la publicación del Concepto del Señor Ministro de Justicia, tan expresivo por lo que dice y tan sugestivo por lo que deja de decir, nuestra misión, en realidad; si no estaba terminada, por lo menos, no era ya tan activa:  preguntar de tiempo en tiempo que remedio se le estaba aplicando a la enfermedad , o si no se le estaba aplicando a la enfermedad, o si no se le estaba aplicando ninguno.

 

            El órgano panamista no comprendió, sin embargo, que esta tenía que ser lógicamente nuestra línea de conducta y se atrevió en insidioso suelto a reputar como miedo nuestro lo que no era sino desarrollo natural de los hechos.

 

            A nuestra franca respuesta a aquel ataque contestó La República pidiendonos “una limosnita” para la panadería de los pobres, y una de las personas que tiene Capítulo en el Concepto del señor Ministro de Justicia enviando dos comisionados a pedir nuestro nombre a la dirección de este diario.

 

            Los documentos adjuntos y el fastidio que nos causa hablar de nosotros mismos nos harán ser rápidos en esta narración.

 

            Excúsenos nuestro amigo el señor D. Julio E. Perez si ha pesar de lo enojoso que es para el que su nombre y sus cartas, que no han sido escritas para ser publicadas – según acaba de manifestárnolo en telegrama recibido estando ya en prensa estas lineas – aparezcan en este incidente.

 

            Necesitamos demostrar a las personas que no nos conocen, si acaso nos han creído capaces de la “cobarde explicación” que infamemente nos achaca el órgano de la conclusion y del cohecho, cómo pasaron las cosas.

 

            Y ninguna prueba es mas concluyente en el asunto que la carta del Sr. Perez.

 

            En efecto: cuando de un hombre se ha obtenido en un hecho de la naturaleza del que narramos “una cobarde explicación”, no se abandonan los primeros comisionados para enviar a un tercero, amigo de ambas partes, a arrancarle un documento infamante.  Por ejemplo, en el presente caso, sería tanto como exigir del Sr. Perez que viniera a proponernos una acción indigna, lo cual es un absurdo, porque el Sr. Perez es nuestro amigo y es en nombre de la amistad como intervino en la desavenencia “para que un acuerdo sea escrito en terminos recíprocamente satisfactorios.”  Según su propia expresión.

 

            Un caballero que es ademas un amigo no puede desear sino que sus amigos queden honrados; pretender siquiera remotamente lo contrario, es ofenderlo.

 

            En resumen, no es posible que todos entendamos las cosas de un mismo modo.  Los Comisionados  fueron a exigirnos, quizá, que dieramos satisfaction por lo que habíamos escrito sobre el Petit Panamá, y ellos, en realidad no hicieron otra cosa, que lo que comúnmente hacen los reporteros de periódicos; algunas preguntas, a las cuales contestamos como debíamos, con sinceridad y entereza.  Lo cual trasmitieron, según parece, como explicación cobarde; pero a pesar de esto se creyó conveniente que el señor Julio E. Perez nos exigiera, apelando a nuestra mutual amistad, un acuerdo que no tenía objeto si nosotros habíamos dado explicaciones, y que no le tenía sobre que recaer, porque nosotros no estábamos, o por lo menos el ofendido no nos la había hecho saber, en desacuerdo con el.  No podíamos, pues, entender otra cosa sino que se nos exigía una relación escrita de lo que había ocurrido, pero ocultando los nombres de las personas que en tal comisión habían figurado, a lo cual pareció corriente acceder.

 

            En cuanto al infame párrafo:  “No sera extraño que el señor Prefecto obrara por denuncio de los que, creyendo en la eficacia de las finanzas, quieren tergiversar los hechos apuntados o continuar su odiosa tarea de diafamadores”, no tenemos prueba escrita para desmentirlo; pero en cambio tenemos un recurso que es mas elocuente que todas las pruebas, y en este, entre la palabra del papel que ha tenido la audacia de proclamar como sana medida la solidaridad politica en el crimen, afirmando que no escribe para vírgenes, y nuestra palabra de hombres honrados recogida por toda la prensa del país sin distinción de partidos, entre la palabra honrada de El Heraldo y la Panamista de La República, que decida la capital, que decida el pais entero.

 

            Entre tanto continuaremos nuestra campaña contra “ese no se que genero de desordenados apetitos, que a manera de peste visita las naciones, amenaza tambien degradar nuestro caracter  y mancillar nuestro nombre”, según la expresión del Excmo. Sr. Vicepresidente, lanzada, ya  publicando el Concepto del señor Ministro de Justicia, como la mas afrentosa y justiciera marca que un magistrado propone en la frente de los heroes de aquel Concepto del dishonor nacional.

 

            Y ya que este vergonzoso escándalo ha unido todas las buenas voluntades ante la inminencia de un peligro social, como antes el de un incendio se olvidan las mayores enemistades, aprovecharemos esta tregua de Dios, para continuar defendiendo el programa que menos nos divide:  honradez y economía en la administración pública; ni autoridad que raye en autocracia ni libertad que degenere en libertinaje.  Guerra a muerte a Mammon.

 

            En este camino no nos detendrá la intimidación ni la calumnia.  Si nuestra calidad de periodistas honrados no es una razón para merecer el respeto de personas que tienen cuestiones pendientes ante la autoridad judicial; si nuestra frente limpia y nuestras intenciones sanas no son suficiente garantía para vivir seguros en medio de una sociedad culta y civilizada, a quien estamos sirviendo desinteresadamente, que hemos de hacer!  Tomaremos las mismas precauciones que toma un viajero cuando tiene que transitar por despoblado.

 

 

EL HERALDO

 

Leemos en El Correo Nacional del martes 13 del corriente:

 

 

INCIDENTE

 

            Con este título y en son de comunicado, pero figurando en otra sección, hallamos un suscrito en la República de ayer, que parece prohija el periódico, desde que le da colocación en lugar preferente.

 

            No comprendemos por que un periódico que aspira a ser de la aceptación de la parte sensate y culta de la sociedad, admita escritos de tal naturaleza.

 

            No estamos informados de los detalles del incidente a que se refiere  La República; pero conocedores del caracter del Sr. Pedro Carlos Manrique, autor del escrito que ha dado occasion al incidente, estamos seguros de que no ha habido por parte de este nada que le sea sesdoroso.

 

            Una vez mas  nos pronunciamos contra el sistema de pretender dar solución a las…….. públicas que son y tienen que ser del dominio de la prensa, sobre todo si revisada la gravedad de estar bajo el dominio de la autoridad judicial, apelando a metodos de intimidación y de fuerza.

 

            Al respetable colega que tan noblemente  ha hecho nuestra y que de manera tan oportuna  comprende la solidaridad de la prensa decente y honrada, le presentamos nuestro mas sincero agradecimiento.

 

            El despecho, el crujir de dientes que la gravedad de los hechos mas que la fuerza de nuestra pluma, arranca por medio de su órgano La República a aquellos a quienes la ley y la opinión tienen sentados en el banco de los acusados saca nuestro nombre de la apetecida oscuridad en donde siempre hubieramos querido mantenerlo.   Pero la fuerza de los acontecimientos es mas ponderosa que la voluntad humana, y vamos al caso.

 

            En diferentes ocasiones hemos manifestado que nuestros escritos sobre el Petit Panamá combatían mas que personas, hechos y tendencies.   El contexto de nuestros artículos es la mejor prueba de nuestra afirmación.  Si alguna vez hemos hecho uso del algún nombre, ha sido por el hecho que caracteriza; jamás por ningún ruin motivo personal.   La impersonalidad es nuestra guía cuando escribimos para el público al estudiar las tendencies de la original epoca en que nos ha tocado vivir.

 

            Por tempranoy por educación,  no alcanza a inspirarnos antipatía los especimenes que sirven a nuestras observaciones.  Los casos como el Petit y el Gran Panamá son para nosotros casos de patología social.   Al contemplar delante de nosotros especimenes de levita, cuello limpio y botín lustrado que llevan entre el bolsillo un cheque de Artón Hertz o de Punchard, y en su boca la sonrisa del justo, exclámanos como un celebre medico ante las curiosas deformidades del horroroso mal de San Antón.   Que hermoso caso!..

 

   

 

 

 

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